Este fin de semana se volvió viral un video de Jack Harries en el que cuenta como hace unos meses decidió comprar un boleto de último minuto a Australia para visitar a su novia Ella, quien se había embarcado en un viaje de seis meses que apenas iba a la mitad.

El video, realmente emotivo, muestra ese viaje, con escala en Hong Kong, y la aparición sorpresa de Jack en el cumpleaños de su amada. Esto le valió al joven británico el título de “El mejor novio del mundo” en sitios que retomaron su contenido.

Pero Jack es mucho más que un bueno novio. Como Gonzalo Betancourt escribió hace algunos meses, es de los mejores YouTubers que hay en este momento.

El canal de Jack, Jacksgap, surgió en julio de 2011 cuando decidió tomarse un año sabático antes de entrar a la universidad y documentarlo.

En estos tres años ha demostrado tener una genial habilidad para producir videos y aprovechar su popularidad para generar conciencia sobre algunos temas importantes para los jóvenes.

Por ejemplo, el año pasado viajó junto con su gemelo Finn a Sudáfrica junto con la organización civil Comic Relief para dar a conocer los trabajos que hacen con la Waterberg Wlfare Society, que busca reducir el impacto del VIH y SIDA en la región.

Pero el proyecto que en lo personal me ha gustado más fue su participación en The Rickshaw Run, una carrera a través de India que usaron para recolectar fondos para el Teenage Cancer Trust, organización que apoya a jóvenes con cáncer.

La meta era recaudar 100,000 dólares en la plataforma Prizeo, cifra que superaron pal alcanzar un total de 177,496 dólares.

Jack y Finn tienen muchos más videos divertidos (como el último que les dejaré), por eso creo que es importante que los medios y quienes ven esos videos que se vuelven virales, que vean un poco más allá de esos minutos de sentimentalismo que genera la historia.

Puede que lo hayan apodado “el mejor novio del mundo”, pero Jack Harries es mucho más que eso.