El bullying se ha convertido en un tema central en las noticias recientes. La muerte de un niño por ser aventado en una escuela en Tamaulipas ha puesto sobre el mapa la necesidad de desarrollar políticas públicas que ataquen el problema. De acuerdo con la OCDE, 18.7 millones de alumnos son afectados por bullying; 17% ha sido golpeado y 45% ha sufrido abuso verbal o psicológico. ¿Qué es el bullying? De acuerdo con una investigadora del Tec de Monterrey, no todos los casos de ataques en escuelas son bullying; para esto deben cumplir con ciertos requisitos:

  • El acoso debe de ser constante y contra una persona en particular
  • Recibe maltrato físico o psicológico como insultos, apodos, risas, rechazo o aislamiento
  • Se da con la intención de dañar o “aniquilar” a la víctima
  • Hay una desbalance de poder entre el agresor y la víctima

Pero, ¿qué es lo que ha hecho que esta situación parezca una epidemia? Desde mi punto de vista, creo que han sido tres cosas:

lo viral

Si bien es cierto que el acoso escolar ha existido desde siempre, puede que ahora se más notorio debido al surgimiento de herramientas que permiten su difusión masiva. Redes sociales y plataformas como YouTube, así como un deseo de tener “likes” o retuits, pueden incentivar que alumnos, sobre todo de educación media y media-superior, graben sus “hazañas” para compartirlas. ¿Nos habríamos enterado de estos problemas y su magnitud si no existieran estas herramientas? Difícilmente.

la normalización de lo violento

Desde el sexenio pasado la violencia ha ocupado un tema central y recurrente en los medios de comunicación. En los últimos años difícilmente ha pasado una semana sin que escuchemos de asesinatos o descubrimientos de cuerpos. Y como sociedad hemos dejado que esto se vuelva normal. Esta semana el comunicador Francisco Zea escribió en su blog:

“Recuerdo con precisión cuando vi a mi primer muerto. Fue por atropellamiento en la Calzada Ignacio Zaragoza, una avenida que ostenta un récord macabro, el de más muertos por atropellamiento del mundo. Hoy, si hablamos con cualquier niño, los muertos son parte de su panorama común: los ven en la televisión, en el periódico escuchan de ellos, en la radio; los ven en la esquina en charcos de sangre e infinidad de casquillos de arma de fuego alrededor. Están perdiendo la capacidad de sorprenderse por la muerte, que, como diría Sabines, es tan definitiva como terrible. Carlos Monsiváis decía que los humanos tenemos un pacto de olvido con la muerte, porque es tan tremenda que no podríamos vivir con su sombra. Pero hoy en día la muerte es nuestra compañera. No nos parece fuerte, le perdimos el miedo y el respeto”.

¿Nos hemos tomado un momento, como sociedad, para explicar la situación a los niños? ¿Nos hemos preocupado lo suficiente como para intentar que lo que hoy nos parece normal a nosotros no lo sea para ellos? Es algo en lo que los adultos, ya sea como hermanos, padres o profesores, hemos fallado. ¿Qué ejemplo les hemos dado? Dicen que los niños pueden ser crueles, pero no creo en eso. Hay infinidad de videos de niños haciendo cosas tan tiernas que te derriten, que me hacen negarme a creer que son crueles. Son reflejo de lo que les enseñamos.

Y muchas veces lo que les enseñamos no es sólo violencia física, sino también la más sutil discriminación.

Al mismo tiempo, a su corta edad, la mayoría no están conscientes de los alcances que la violencia puede tener. Dudo mucho que un niño abuse de otro con la intención de matarlo (o hacerle un daño grave) de manera absolutamente consciente y premeditada; insisto en que sólo imitan lo que ven en la sociedad y consideran “normal”.

falta de autoridad

Y no es que se deba castigar físicamente a quienes abusan de otros niños, pero creo que la crianza de los niños en la actualidad es mucho menos dura que en el pasado. En algunos casos los padres se preocupan más por ser amigos que por ser educadores y autoridad. En ese afán, ahora es mal visto regañar a un niño. “Pobre, lo vas a traumar”, dicen. Y se quiere que a todos los niños se les trate de manera dulce, con ausencia de llamadas de atención. Y en la escuela, donde el problema es peor, los profesores no tienen poder. No pueden castigar a un niño con más tarea o quitándole su recreo o cualquier otro correctivo (no físico, que bien manejado les pueda servir) porque los padres al otro día se van a quejar.

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De todo esto surgen varias preguntas: ¿Quién debe vigilar este problema? ¿Deben los padres ser quienes castiguen a sus hijos e intenten corregir estas conductas? ¿Deben las escuela ser quienes supervisen la actitud de los alumnos, incluso fuera del salón, y tomen medidas en el entorno escolar? ¿Debe ser el gobierno quien legisle sobre el tema y trate esta situación como delictiva? Creo que la respuesta es afirmativa a todas las preguntas, pero particular a cada situación. Se debe llegar a un punto medio entre sociedad, autoridades educativas y autoridades judiciales, pero incentivadas por un diálogo amplio que permita el desarrollo de las mejores herramientas para atacar el problema. Y debe ser pronto.

Foto: Flickr de trixer [CC BY 2.0]
  • Annasure

    Tienes mucha razón respecto a como vemos y tomamos la muerte ahora. Comentando tu sugerencia de que hay que ser más severos con los niños; no estoy de acuerdo y me parece muy arriesgada esa manera tan carente d consciencia y conocimiento para opinar respecto a la crianza; cuando es precisamente eso que tu sugieres negarle a los niños lo que más necesitan.
    La fábrica de niños abusadores está en el hogar bajo situaciones de desamparo; de abandono, de violencia, de falta de respeto. Ningún niño criado con amor, con respeto, con atención a sus necesidades genuinas; puede ser un acosador. Castigarlos o nalguearlos no desarrolla hijos sanos emocionalmente, mucho menos seguros de sí mismos. Tampoco se van a traumar si les pegan una que otra vez; pero hay muchas personas que fueron tratadas así y hoy se suelen llamar “gente de bien” pero que son adictas al tabaco, al trabajo, a las dietas, a las compras, a los juegos, a las redes sociales, etc….
    En este mundo hay mucha gente de bien y también una oleada de depresion que no sólo arrastra a los adultos. También ya hay niños deprimidos.
    Lo que en mi opinión, basada en estudios de grandes psicólogos que han puesto el ojo en esta “buena educación” mejor conocida como “pedagogia negra” segun Alice Miller, la sociedad necesita son padres presentes; padres que dediquen tiempo, amor y contacto físico con sus hijos. Padres conscientes, que eduquen con respeto, con tolerancia, que siembren obediencia con consciencia no con temor.
    Los padres en efecto, no son amigos de sus hijos. Los padres deben ser líderes para sus hijos; estos últimos deben ser sus seguidores; obedientes en libertad y no por imposición o sumisión. Todo esto se obtiene mediante respeto y amor.
    No dejemos a las escuelas la formación emocional de nuestros hijos. Ese trabajo le corresponde a loa padres… La escuela sólo es el medio por el que los niños sacan sus sentimientos reprimidos.