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Hace dos semanas, durante la séptima ronda del draft de la NFL, los St. Louis Rams seleccionaron a Michael Sam.

Sam, por supuesto, alcanzó fama por convertirse en el primer jugador abiertamente homosexual en ser seleccionado en el draft y, Dios mediante, el primero en jugar en la NFL. Esta situación, claro, supuso un motivo de alegría y celebración para la gente y, especialmente, a los miembros de los medios de comunicación (un gremio constituido en su mayoría por -sorpresa- hombres blancos y heterosexuales) que aprovecharon esta situación para hacerle notar a toda la gente cómo no son homofóbicos y están completamente a favor de la aceptación y diversidad dentro de los vestidores de la NFL.

Dos semanas después, el panorama que pinta la actitud de los medios no es tan esperanzadora.

Desde que Michael Sam salió del closet en febrero de este año, surgió la discusión mediática de si un jugador homosexual sería bien recibido en los vestidores de un equipo de americano; una discusión ridícula para todos los que tengan dos dedos de frente pues, aunque nunca había existido un caso de un jugador abiertamente homosexual, muchos jugadores habían salido del closet en privado con sus compañeros de equipo (Jerry Smith, el ala cerrada de los Redskins de Washington quizá sea el ejemplo más emblemático). Y éstos, en lugar de comportarse como los costales de carne retrógradas que los medios querían pintar, se mostraban respetuosos (por supuesto, no todos habrán respondido así, sería ingenuo pensarlo). Sin embargo, la historia de un montón de jugadores respondiendo indiferentemente a un compañero de equipo homosexual no es algo que genere ratings, ni clics en la página.

Lo que sí generó ratings y clics fue la miríada de artículos y segmentos de televisión dedicados a mostrar cómo todos los reporteros, desde su pedestal de marfil, se preciaban de no tener ningún inconveniente con la selección de Sam, que no creía que causara distracciones en el vestidor y de lo felices que estaban por el chico.

La semana siguiente, sin embargo, la cadena Oprah Winfrey Network (OWN) anunció que iba a hacer una serie documental sobre Michael Sam. Entonces, los reporteros no se mostraron tan aprehensivos.

Lo que siguió durante la semana fue, básicamente, una crucifixión pública (bueno, todas las crucifixiones eran públicas) de Sam.

Lo que la prensa criticó era que Sam quería darse a conocer como un “jugador de football” no un “jugador gay de football” y la prensa no dudo en hacer notar esta “hipocresía”. Se empezó a hablar que la distracción que podía causar en el equipo (como si los jugadores de la NFL fueran una clase especial de humanos que vive en todo momento sin distracciones y que la más mínima distracción sería como un grano de arena que echa a perder un microchip). Se acusó a Sam de egoísta y de sólo buscar publicidad. El escándalo mediático llegó a tal grado que OWN decidió posponer la serie. Por supuesto los medios de comunicación no tardaron en aplaudir la decisión de Michael Sam (“gracias por hacer lo que nosotros te dijimos que hicieras”).

Ahora, ¿por qué todo este escándalo? ¿Será que los medios sinceramente se preocupen por Sam y quieran lo mejor para él? Es posible, pero no creo que sea probable (después de todo, son los mismos miembros que tomaron como chiste el reality show de Chad Ochocinco y Terrell Owens). Otra teoría que leí en el Washington Post y en Deadspin meciona que la NFL y los reporteros que la cubren son gremios tan cerrados que les da envidia y coraje que alguien esté ganando dinero o escribiendo historias sobre los jugadores de la NFL y que no les toque una rebanada del pastel (por ejemplo, la serie de HBO “Hard Knocks” es culpable del mismo pecado del que acusaban al documental de Sam de invadir los vestidores – sin importar que el documental sobre Sam no se iba a filmar en las instalaciones del equipo-).

El problema, según lo veo, es mucho más profundo. Es el típico ejemplo de qué tan arraigada está (no quiero decir homofobia), la discriminación. Los medios se agarraron de las declaraciones de Sam sobre ser visto como un jugador de football y no como un jugador gay de football confundiendo la separación que existe entre su vida pública y su vida privada o, al menos de dos aspectos de su vida. Sam es un jugador de football, sí, también es una persona abiertamente homosexual; pero Michael Sam, la persona, no se define por ninguno de esos dos aspectos.

Cuando Michael Sam dijo que quería que lo vieran como jugador de football, se refería a que en ese contexto, en su contexto profesional, quería que lo trataran como un jugador de football, no como un ser humano que declaró ser homosexual (en todo caso, los hipócritas en este caso serían los medios por darle tanto seguimiento a un jugador seleccionado en la séptima ronda del draft simplemente porque meses antes había salido del closet). Sin embargo, esto no excluye que, en otros contextos, Michael Sam no quiera que se hable de él como una persona que seguramente inspirará a miles de otras.

Este es un tipo de discriminación más peligrosa pues no se ve. Todos los reporteros anunciaron con felicidad las noticias de la selección de Michael Sam, pero, por alguna razón, se enojaron cuando no él no satisfizo con los estereotipos que ellos tenían en la cabeza, porque, una vez que salió del closet, la gente se enojó que su homosexualidad abarcara todo aspecto de su persona.

Foto: Marcus Qwertyus [CC BY-SA 3.0] vía Wikimedia Commons