Mario Vargas Llosa, afamado intelectual peruano, ganador de todas las distinciones con las que cualquier escritor podría soñar. Sus novelas son apasionantes, atrapan desde las primeras páginas. A todos nos encantaría tener las agallas del “Jaguar”, personaje de La ciudad y los perros; todos soñamos con compartir un trago en el bar de Conversación en la catedral y vivir una vida tan apasionante como la de “Cayo Bermúdez”. Sus personajes son tan fuertes y tan reales que en ellos se cumple aquella frase de Hölderlin quien decía que el hombre es un dios cuando sueña, y a penas un mendigo cuando piensa.

Es indudable que Mario Vargas Llosa ha dejado en varios de nosotros un inquebrantable espíritu soñador, que a pesar de todos los problemas cotidianos y las crudas realidades, sigue vigente. Su obra es amplísima; cuento, ensayo, teatro, toda ella coronada con la mayor distinción posible: el Premio Nobel de Literatura.

Debido a todo lo anterior fue el gran atractivo de la Feria Internacional del Libro 2013, la cual se llevó a cabo hace apenas algunas semanas en Guadalajara. Como era de esperarse, su agenda estuvo repleta de eventos, los cuales comenzaron unos días antes en la Ciudad de México.

Foto: Presidencia

Foto: Presidencia

Dentro de sus actividades destacó la visita oficial que le realizó al presidente de nuestro país. Vargas Llosa, aquel férreo crítico de la democracia mexicana, quien años antes había llamado al régimen priista la dictadura perfecta, hoy sonreía orgulloso ante las cámaras mientras estrechaba la mano de quien meses antes no fue capaz de mencionar tres libros que habían marcado su vida.

¿Imaginan a Octavio Paz, quien en su momento también fue un severo crítico del sistema, cuidando las formas y saludando tan orgullosamente al presidente de México? ¿O a Elena Poniatowska, recién galardonada con el premio Cervantes, recibiendo la felicitación de un hombre contra quien arremetió duramente a lo largo de la campaña? Al menos yo no.

Y eso no es todo. Unas semanas después, me encontré con un ejemplar de la revista ‘Quién’ con el escritor peruano en portada. Una revista que sigue de cerca a Cindy Crawford y Sofía Vergara mientras vacacionan por las playas de nuestro país o recrea maravillosamente la actuación de Danna Paola en su última puesta en escena. Esta revista, parte de lo que Vargas Llosa había llamado en su momento “la civilización del espectáculo”, la lectura vacía, por mera diversión, hoy mostraba orgullosa una entrevista al afamado intelectual peruano.

Foto: Revista Quién

Foto: Revista Quién

Ese mismo intelectual que en un duro ensayo publicado en 2012 mencionaba que la alta cultura es “una elite que en ningún caso debe identificarse totalmente con la clase privilegiada o aristocrática de la que proceden principalmente sus miembros”. ¿La aparición en una revista como ésta no es claramente la comunión de la intelectualidad con la clase alta mexicana? Al menos a mí me parece que sí.

No cabe duda de que Mario Vargas Llosa es un gran escritor, sin embargo sus palabras no deben ser más que pura tinta. La literatura y la crítica deben servir para reflexionar sobre la sociedad. Si la intelectualidad no justifica las palabras con acciones, ¿cómo vamos a poder seguir soñando en que el presente mejorará? El intelectual ha sido siempre una figura crítica, pero debe respaldar lo que dice con lo que hace.

Fotografía: Pontificia Universidad Católica de Chile [CC-BY-SA-2.0], via Wikimedia Commons

  • Intestino

    Me temo que la juventud del autor y su excesiva superficialidad al tocar el asunto le impidieron advertir 1) que los “intelectuales” recurrentemente acompañan al poder y 2) que lo crítica no está peleada con la educación y las maneras mediáticas que un hombre como Vargas Llosa conoce bastante. Adinerado y famoso, el hispano-peruano sabe de las formas glamuorosas de la clase política mexicana, como lo sabe Poniatowska y lo supieron Fuentes y Paz, en su momento. A diferencia de nuestros “intelectuales”, Vargas Llosa ha sido un político activo sin empacho (fue candidato a la presidencia de Perú en 1990). Recordará el joven Hernández, que tanto Paz como Poniatowska han vivido de nuestros impuestos ostentando cargos diplomáticos o en la gestión cultural; pero nunca en la trinchera política de la elección popular como tal. En fin, me parece que sería muy valioso para el contenido de La coctelera un filtro editorial más severo, que exija a sus colaboradores una mirada más allá de la moda, con la lejanía necesaria para darnos a sus lectores la opinión fresca y desenfadada de la juventud; pero con la crítica suficiente que dan los años. Saludos.

  • Víctor Rivas

    Uy, qué miedo da el autor al describirse como “políticamente incorrecto”. Estoy 100% de acuerdo con Intestino. La redacción parece de quien reporta para algún semanario del corazón, pero chafa, porque aquellos son más rítmicos, con objetivo y divertidos. Autor, lea, documéntese, pero sobre todo, sentido común, por favor.