Entre la aprobación de la Reforma Energética en el Senado y su aprobación en San Lázaro, me gustaría comentar algunos puntos en torno a lo que se dictaminó y, más importante, cómo se ha hecho. Así como las reacciones que se han dado en torno a este importante hecho para el país.

Juan Pablo ya había hablado de la necesidad de una reforma para Pemex que permita a privados venir a hacer lo que la paraestatal no puede hacer por el momento y que por sí sola le tomaría mucho tiempo más.

¿El petróleo es de los mexicanos?

El principal dogma a debate en todo este proceso ha sido que “el petróleo es de todos los mexicanos”, lo cual se presta a burlas sobre cómo nadie nunca ha recibido un cheque por la venta del petróleo, o tiene voz y voto en la paraestatal.

Pero el petróleo es de todos los mexicanos; especialmente cuando más del 30% de los recursos públicos provienen de éste. Ahora, el primer problema que encontramos en cómo el petróleo aunque “es de todos” no ha sido “palanca de desarrollo” es en la ineficiencia del gasto público, la cual no se ve cuándo vaya a terminar. ¡Vaya! Ni siquiera la Reforma Hacendaria se enfocó en esto, sino sólo en buscar otras fuentes de recaudación.

Ahora, “el petróleo es de todos los mexicanos” es usado tanto por quienes están a favor como quienes están en contra. Unos lo usan para pedir una consulta popular y otros para decir que esto seguirá sucediendo. Sin embargo hay críticas.

Ahora, ¿me pregunto qué tiene de malo pagar en especie por un servicio hecho? De dejar el petróleo abajo porque Pemex no lo puede sacar a que se lo lleve alguien más después de pagar una parte, ¿qué es más conveniente?

Un sector difícil

Segundo punto; también se supone que la Reforma dará un nuevo régimen fiscal a Pemex y CFE, así como autonomía presupuestaria y de gestión que se deberá traducir en un mejor aprovechamiento de los recursos y su reinversión para mejorar a las que ahora serán “empresas productivas del Estado”. Pero, ¿es posible esto sin una estrategia para combatir la corrupción en el sector?

Sobre el punto de la corrupción y abrir un sector a privados en un país donde los reguladores son poco eficientes, como se ha probado en otros sectores, Carlos Puig escribió en Milenio “Contra la reforma energética”. Y dijo:

La industria de la energía es una de las más poderosas del mundo. Es una gran productora de empleo, generalmente mejor pagado que el promedio, y excelente detonadora de industrias paralelas. Es también, por la naturaleza de su actividad, una de las más depredadoras en relación con el medio ambiente, de alto riesgo para sus trabajadores. Es, según los expertos, una de las que más y mejor regulación necesitan.

Seamos honestos: no sabemos meter en orden ni al transporte público concesionado. Si no podemos con unos taxis, cómo le vamos a hacer con Exxon o Shell o BP.

Sinceramente, creo que tiene un punto muy válido (y que comparto un poco), pese a que se encuentra a favor de mercados con libre competencia. A estas ideas respondió ayer Leo Zuckerman en Excélsior:

Es una conclusión tristemente conservadora: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. Es como si en los años ochenta hubiéramos dicho: “Como no sabemos regular elecciones mejor quedémonos con ese monstruo burocrático, corrupto, ineficiente llamado PRI que ya conocemos”. ¡No! Mejor invirtamos los recursos necesarios para desarrollar las instituciones como el IFE que nos permitió transitar a la democracia. Construyamos una autoridad reguladora petrolera que tenga la autonomía y capacidad para enfrentar a empresas poderosas.

Si nos sumamos al pesimismo de Puig incluso podemos llegar a una conclusión todavía peor a la de él: como el Estado ha regulado tan mal a Telmex, los bancos y TV Azteca, mejor volvamos a estatizarlos y que el gobierno los opere.

Sí, es riesgoso y es un problema la corrupción, pero eso no significa que no se debe hacer. Como dice Zuckerman, se ha aprendido de los errores y sobre la marcha. Si queremos esperar a que las condiciones óptimas se den, nunca vamos a hacer algo.

Los tiempos

Lo que sí encuentro muy preocupante es la velocidad de su aprobación y la nula discusión que se dio. ¿Recuerdan cuando Calderón presentó su Reforma Energética? Se organizaron foros con expertos, políticos y ciudadanía; fue un discusión de meses.

Y en esta ocasión no ha durado más que unas semanas, las cuales no sólo nos dan una Reforma Energética aprobada con un mínimo consenso entre partidos en el Congreso, sino que también se llevó entre las patas un Reforma Política que se venía construyendo con ciudadanos porque era condición para la aprobación de esta.

Sin duda es una Reforma que debió tomar más tiempo y mayor diálogo. Sale con prisa y con errores por lo mismo, errores que se deberán corregir en el camino, pero que podrían ser muy costosos.

La consulta popular

Una de las grandes peticiones de quienes se oponen ha sido que a todos se nos pregunte sobre el petróleo, ya que el hidrocarburo es de todos. Y me hago la pregunta de si es deseable que esto se haga.

¿En serio podemos esperar que la señora que estuvo “cercando” el Senado vote a favor o en contra de una propuesta sobre la cual no conoce absolutamente nada? ¿Podemos esperar una opinión informada de los adultos mayores que fueron acarreados a las protestas y que pensaban que era una manifestación contra el alza del Metro?

La realidad es que:

¿Tiene el mexicano promedio la preparación para votar sobre un tema que requiere de conocimientos económicos y técnicos? ¿Puede votar sin dejarse llevar por las campañas publicitarias de los partidos? Quienes apuestan por una consulta popular lo hacen porque saben que el resultado será influenciado por el sentimiento nacionalista y su manipulación, no por una larga y correcta reflexión.

La falta de argumentos

El debate se ha dado sin muchos argumentos, con muchas idas basadas en lo que sucedía hace 100 años y, en ocasiones, hasta insultos y agresiones. Santiago hace un buen recuento en Vivir México sobre este tema.

Pero la culpa va para ambos lados. ¿Tienen argumentos quienes se escudan en su mayoría para aprobar una Reforma apresurada sin preguntar a quienes pueden enriquecer el debate? ¿Tienen argumentos quienes cercan un recinto o bloquean con curules el acceso a la Máxima Tribuna del país?

Tristemente se ve el nivel de debate e ideas de la mayoría de la clase política. Mención aparte se merecen algunos legisladores que realmente intentaron enriquecer la discusión, como el senador Javier Corral, con quien no coincido en algunos puntos, pero valoro su postura.

¿Mi postura? Estaría más que feliz si la competencia llega a este país en el sector energético, pero creo que debe cumplir con algunos requisitos:

  • Tiempo para debate entre personas preparadas.
  • Fortalecimiento de las instituciones involucradas.
  • Un verdadero combate a la corrupción.
  • Una verdadera Reforma Hacendaria que despetrolice las finanzas públicas.

Fotografía: Genghiskhanviet (Own work) [Public domain], via Wikimedia Commons