La semana pasada mencioné que los vestidores de los Delfines de Miami eran el escenario de un caso de bullying, específicamente, del guardia Richie Incognito sobre el tackle ofensivo Jonathan Martin. Durante esta semana, sin embargo, información nueva revela que la situación era más grande y grave que un simple caso de bullying (para lo que valga, sigo sosteniendo las dos conclusiones que me aventuré a tomar –i.e. que Incognito no es una persona muy agradable y que me impresiona que sea noticia internacional una nota que bien pudo haber salido en un periódico escolar–).

Los dos temas, en particular, que resaltaron a partir de esta historia son (1) el tema de la raza y (2) el de las enfermedades mentales.

El tema racial surge porque en un mensaje de voz, Incognito (un blanco) utiliza insultos raciales para referirse a Martin (un mestizo). Esto llevó a la gente a apuntar el dedo hacia Incognito y designarlo como “racista”. Lo interesante fue, sin embargo, que luego de hacerse público ésto y de que la mayoría de la gente y la prensa concluyeran que, en efecto, el malo de la historia era Richie Incognito, sus compañeros de equipo rompieran el silencio para defenderlo y quitarle ese estigma.

Primero, Armando Salguero del Miami Herald, reportó que los jugadores del equipo consideraban a Incognito como un “negro honorario” y que jugadores como el esquinero Brent Grimes, el receptor Mike Wallace y el ala cerrada Michael Egnew mencionaron que ellos no creían que Incognito fuera, de hecho, racista. Posteriormente, Bart Hubbuch del New York Post publicó en Twitter la misma opinión expuesta por Ryan Tannehill, Brian Hartline y Tyson Clabo.

A pesar de esto, otros compañeros del equipo como Dannell Ellerbe consideran la noción de que Incognito fuera un “negro honorario” ridícula. Por otro lado, que jugadores afro-americanos como Grimes o Wallace no consideren racista a alguien no le da la libertad a ese alguien de utilizar insultos raciales en contra de alguien más (también, y esto es simplemente una impresión que yo tengo, que jugadores blancos como Tannehill, Hartline o Clabo digan que Incognito no es racista a pesar de haber usado insultos raciales me suena muy similar a quienes afirman cosas estilo “no soy racista, pero [inserte comentario racista]”).

Que Incognito sea o no racista (supongamos, por creer en su bondad, que no lo es), no elimina el hecho de que utilizó un insulto racial en contra de alguien cosa que cualquier persona con un poco de decencia no hubiera hecho y el hecho de que nadie en el equipo se expresara en contra de esto y le dijera a Incognito que dejara de hacerlo apunta a un vacío de autoridad terrible dentro de los vestidores. Para más de esto, Robert Klemko de The MMQB escribió una pieza muy buena que aborda el enfoque racial de este tema.

El segundo tema que salió a la luz por este evento fue el de cómo las enfermedades mentales son percibidas por el público. Si por un lado Richie Incognito fue defendido, Jonathan Martin fue severamente criticado por la actitud que tomó frente a la situación y el hecho de que utilizara medios externos al equipo para resolverla en lugar de solucionarla internamente. Después de abandonar al equipo, Martin se admitió a un hospital para tratar severos problemas emocionales (sin duda causados o, al menos, agravados, por el acoso de Richie Incognito).

Primero, que tanto el entrenador Joe Philbin como el genrente general Jeff Ireland le habían pedido a Incognito se convirtiera en el mentor de Martin, pues no lo consideraba lo suficientemente duro y con cierta debilidad mental. En segundo lugar la gente cuestionó la decisión de Martin de abandonar el equipo sin antes hablar de estos problemas con los líderes del vestuario o de buscar una manera violenta de resolver su problema con Incognito.

En primer lugar, que Martin (quien bien puede tener una enfermedad mental seria) sea llamado “débil” o “bebé” muestra la poca comprensión que tiene el mundo sobre las enfermedades mentales. Esto, al igual que el tema racial no son exclusivos de la NFL sino del mundo. Por ejemplo, el ejército norteamericano no trata como heridas de guerra los efectos del estrés postraumático y mucha gente aún se pregunta cómo alguien que lo tiene todo puede sufrir de depresión si no tiene razón aparente para estar deprimido (la depresión, por supuesto, es como una enfermedad cualquiera: no discrimina). Si la debilidad de Martin es, en efecto, síntoma de una enfermedad mental, el acoso constante de sus compañeros (al contrario de lo que creerían su entrenador y gerente general) no es la manera correcta de tratarla, sino que se requiere terapia y medicina, pues las enfermedades mentales, al igual que las somáticas, no son algo que simplemente se puedan aguantar.

En segundo lugar, a quienes afirman que Martin debió haber acudido a las autoridades del equipo (i.e. A los capitanes) se olvidan que Incognito era uno de esos líderes de vestidor. ¿A quién acudes cuando los que se supone que te pueden ayudar son la misma causa de tus problemas? El hecho que nadie en el equipo hiciera algo apunta (al igual que en el tema racial) a un vacío de autoridad palpable en el equipo.

Al final de la historia, ningún jugador va a salir intacto; pero quienes parece que van a perder más son las altas jerarquías del equipo de Miami pues se reporta que ni Joe Philbin ni Jeff Ireland van a sobrevivir esta temporada. ¿Martin pudo haber hecho algo para detener la situación? Quizá, pero, de igual modo el resto de sus compañeros y, al final, si nadie le dice a Incognito que referirse a alguien con un insulto racial está mal, él va a seguir haciéndolo. De todos modos, quien parece que sale peor en esta historia es Incognito y el hecho de que compañeros suyos y periodistas salgan a su defensa es sintomático de que aún no vivimos en un mundo post-racial en el que las enfermedades mentales son consideradas lo que realmente son: enfermedades.