Sábado a sábado un ritual se lleva a cabo. Cabezas rapadas, encaje, estoperoles, orejas metálicas, bosquejos permanentes se apropian de los cuerpos, vestimentas negras bajo el sol, chaquetas de cuero coronadas con turbulentos parches, rastas que se mueven al unísono de los tambores, melenas alocadas que conviven armoniosamente encantadas por el celestial sonido de los rasguidos musicales, patinetas que se deslizan en la calle como poseídas por alguna especie de divinidad, una convergencia de sonidos que sutilmente susurran al oído, Dr. Martens que conquistan el asfalto sagrado de la contracultura. Paso a paso el ritual comienza, la gente fluye con un destino establecido, el callejón tan anhelado es la meta. La Guerrero es invadida por una estampida de voraces individuos, hambrientos de libertad, sedientos de ideas, deseosos de identidad. Todo está listo. Lo comercios se abren, los vendedores ambulantes tienen preparadas sus gargantas. El tianguis cultural del Chopo está abierto, abierto para ser alimentado de propuestas musicales, expresión, libertad.

Te sumerges en un mundo completamente diferente. Un mundo que es capaz de albergar los extremos, el blanco y el negro. Punks, chicos banda, darquetos, skatos, hippies, emos, rastafaris, graffiteros, rockeros y demás convergen en un universo paralelo. Son capaces de construir un nuevo sistema en el que pareciese no existiera diferencia y sólo se tuviera un objetivo común: expresión libre de represión. Un ambiente de tolerancia y sin estereotipos alegra el curso del día. El flujo e intercambio de ideas se sincroniza con las transacciones comerciales.

El paisaje surrealista decorado con gran variedad de discos de vinilo disponibles para el trueque, coleccionistas que albergan los más grandes tesoros de las letras se reúnen para la compra-venta, estampados políticos engalanan las prendas de algodón que cubren los postes de las estructuras metálicas, accesorios que tienen como fin definir identidades. Es un proceso de fusión, fusión de ideales. La cultura urbana se apropia del espacio público.

Al paso del tiempo las ideas, como la materia, se transforman pero no se destruyen. Las generaciones son víctimas de la velocidad del cambio y, sin duda, el Chopo también ha sufrido los cambios generacionales. Ha sido espectador del surgimiento y decadencia de modas urbanas, pero también ha testificado la longevidad de ideas. Al fin y al cabo, la contracultura como la canción de Led Zepellin: The song remains the same. El pasado y el presente se arremolinan en la necesidad de representar un espacio alternativo, un lugar político, un escenario contestatario para la realidad mexicana.

La importancia del Chopo remite a su esencia de apertura, apertura que permite constituir al mercado como un punto de encuentro para amigos, un lugar de diversión y recreación, un escape para el huir de la rutina, un resguardo para la hermandad, una trinchera para la guerra de los prejuicios urbanos. Es el Chopo el mercado de la innovación. Es el lugar para poder adquirir las novedades musicales e incluso intercambiar si se está escaso de fondos.

Lugar donde una cantidad de personajes confluyen. Cada uno con una historia de vida propia, con sus propios problemas, con necesidades diferentes. Hasta cierto punto el Chopo es capaz de recubrir esos baches en la esencia humana, otorga a los individuos experiencias que logran reforzar la individualidad en un espacio público. El Chopo podría parecer ese teatro lleno de actores con majestuosos vestuarios, cabelleras entintadas con los más brillantes colores, maquillados, dueños de una impresionante caracterización; donde la actuación no es el código de comunicación. Lugar donde se liberan de las pesadas criticas y resurgen para ser ellos mismos.

​Comienza a atardecer. Jim Morrison, Janis Joplin, Pink Floyd y los Ramones son encerrados en las cajas de cartón. El pasillo se vacía de esas almas que jubilosamente llegaron a alegrar, a revivir las calles marginadas de la Ciudad de México. Los personajes abandonan el callejón con nuevas ideas en sus bolsillos. Dejan su esencia en el asfalto, entre las calles de Sol y Luna, y al primer paso fuera regresan a ser seres solitarios vagando entre la represión. El metro se convierte en el escenario del after y cada quien retoma su camino que ahora ya no tiene una meta en común. Es tiempo de esperar el próximo sábado.

Imagen: Wikipedia

*Estudiante de Ciencia Política y Relaciones Internacionales en el CIDE. Me interesan los temas relacionados con movimientos juveniles y contracultura. 

  • Katherina Uton Torreblanca

    Excelente columna. Me gustó la forma en que se describió cada aspecto de las diferentes tríbus que convergen en el Chopo.

  • Robles de la Rioja.

    Muchas Gracias, un placer que haya sido de tu agrado.