El póker es un juego de cartas y por ello se tiende a pensar que lo más importante es la suerte que tengamos al recibir nuestra mano. Sin embargo, esto es algo que generalmente piensan los principiantes ya que a medida que se va jugando más y más terminamos dándonos cuenta de que en el póker lo más importante es la estrategia y la psicología.

No olvidemos, por ejemplo, que mientras estamos jugando podemos también llevar a cabo pequeños engaños y picardías, algo muy común en todos los juegos de póker, y que básicamente nos permite ganar una mano teniendo una combinación de cartas peor que la de nuestros contrincantes. Esto también puede suceder a la inversa de forma bastante dolorosa, cuando vemos que dejamos una mano a medias al no confiar del todo en nuestro full y el ganador termina mostrando un triste par si es que se decide a mostrar sus cartas.

Por esta razón, no es de extrañar que en muchos campeonatos profesionales los jugadores opten por acudir con gorras y lentes de sol, con el único objetivo de disimular cualquier emoción de su rostro y de mantener una expresión impasible que comúnmente se conoce como cara de póker. Así que si queremos ser jugadores de póker con éxito, ya sea jugando contra nuestros amigos una vez a la semana apostando muy poco dinero, o intentando acceder a premios mayores en campeonatos profesionales, es fundamental saber leer el lenguaje corporal.

Como es lógico, lo primero que necesitamos hacer es estar calmados e inexpresivos, sin llegar a estar tensos o robotizados, aprovechando dicho estado sin emociones aparentes para leer toda la información que lanzan los contrincantes. Básicamente se trata de conseguir capturar a un ‘pícaro astuto’, alguien que con una mala mano trata de disimular confianza o alguien que trata de ocultar una escalera de color.

  • Ojos. Los ojos son la llave para descubrir las verdaderas intenciones de un contrincante. Si alguien te mira directamente a los ojos como retándote puede que esté intentando intimidarte porque su mano no es tan buena como debería. Si no para de mirar sus cartas, aunque estén boca abajo, puede que su mano no sea muy buena o esté esperando alguna carta que termine su proyecto para una figura alta, como un póker o una escalera.
  • Manos. Las manos son las válvulas de escape del cuerpo, cuando intentamos controlar mucha energía, al final las manos terminan traicionándonos. Vigila que tu contrincante tamborilee con los dedos o no pare de jugar con su anillo o reloj, o incluso intenta observar si aprieta fuerte las manos para no moverlas. Cuando las manos hablen, desconfía, puede ser alguien tratando de despistar o intentando asimilar una muy buena mano en el reparto.
  • Respiración. Respirar es algo tan natural que muchas veces nos olvidamos de que lo estamos haciendo, tanto así que incluso a veces nos olvidamos de hacerlo. Fíjate si al subir una apuesta o repartir la última carta un contrincante ha dejado de respirar. Del mismo modo, si juegas con principiantes, seguro que no pueden evitar un resoplido cuando reciben una mala carta o una aspiración profunda cuando terminan de formar su póker.
  • Tiempo. La gestión del tiempo es también muy útil, sobre todo para detectar los engaños. Cuando un jugador piensa mucho su mano, ya sea dudando sobre cuanto quiere apostar o si piensa seguir una subida, suele significar lo mismo que cuando hace las cosas sin pensar, que va a la desesperada. Presta atención a los extremos, pues rara vez responden a una mano sin sobresaltos.
  • Tics nerviosos. Por último, ten en cuenta los tics que cada uno pueda tener a nivel personal. Estudia a tus oponentes y terminarás aprendiendo cosas que ni ellos saben. Puede que alguien se muerda el labio cuando recibe una mala carta o que otra persona se rasque un brazo cuando tiene una buena mano. Simplemente sé observador e intenta relacionar los gestos con lo que sucede en la mesa.