“Me mataron a mi hijo”, con estas dramáticas palabras comenzaron diversos noticieros colombianos la noche del lunes a causa, otra vez, de la violencia que no cesa por fuera de las canchas. Criminales que se esconden en una camiseta, personas que, por motivos personales, manchan el honor de aquellos que se quedan sin voz, sin importar el marcador, partido tras partido por alentar a su equipo.

Varias hipótesis se manejan sobre el dramático caso de la noche del 23 de septiembre, lo primero que se dijo en los medios, y fue con lo que se quedó la opinión pública, fue que personas de Millonarios agredieron a hinchas de Nacional. En este punto todo parecía indicar que se trataba, una vez más, de guerra entre aquellas personas que se hacen llamar hinchas y lo único que muestran es lo que el futbol genera –o más bien degenera- en ellos.

En la historia del Fútbol Profesional Colombiano, han aparecido fósforos que no aguantan el viento. Me hace recordar, por ejemplo, el gran momento que pasó El Cúcuta Deportivo hace unos años, hoy casi descendido.

En el futbol también encontramos equipos a los que la pila no les duró mucho, o le quitaron la energía a la fuerza -se me viene a la cabeza el caso del Deportivo Pereira, equipo con gran futuro, pero que sus pésimos manejos administrativos acabaron con él y hoy se encuentra en la delgada línea que hay que atravesar o no para a su respectiva liquidación. También encontramos dinosaurios de los cuales ya se están perdiendo hasta los fósiles -no puedo dejar pensar en el América de Cali, segundo equipo con más ligas del país y, este año, haciendo post-grado en la “B” porque desaprovecharon 3 oportunidades que tuvieron el año pasado para volver a ser grandes.

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En este punto vale la pena preguntarse, ¿qué hace grande a un equipo? A lo que yo respondería, casi de ipso facto, su gente. ¿A qué voy con esto?, pues sencillo, con esto quiero decir que el mejor equipo de Colombia es, según comentan muchos medios, el que su gente siempre está ahí, el que sin importar el marcador, sin importar el momento, sin importar el dinero, sin importar sus contrataciones y sólo importando su escudo, cuentan siempre con el jugador número 12; el que no juega pero grita, el que esperó con ansias casi 24 años por otra liga y que cuando ésta llegó, el estadio estaba más lleno que cuando había llegado la pasada. ¿Por qué hablo de Millonarios?, sencillo, porque ha sido el equipo que se ha visto enfrascado en los últimos hechos criminales que se esconden en un escudo, ya sea de víctima o victimario.

La grandeza de un equipo la genera su gente, pero también esta gente tiene que aceptar la diferencia, este país ha estado enfrascado durante varios años en violencia para que ahora, una de las cosas más bonitas que hay en el mundo, se vea ensangrentado por la presencia de criminales. Aplaudo comunicados como el que sacó la barra brava de Millonarios que se ubica en norte “Comandos Azules Distrito Capital” no sólo rechazando los hechos, sino poniéndose a la disposición de las autoridades para ayudar a capturar a los asesinos que se visten de azul para que, por favor, en ningún momento los llamen hinchas de Millonarios.

Imagen: Futbol Red

*Juan Felipe Iregui: Amo el fútbol y la política, desde pequeño lo he practicado y, como todos, considero que lo hago muy bien. Estoy actualmente estoy estudiando Ciencia Política y Gobierno en la Universidad del Rosario, en Bogotá Colombia, hincha de Millonarios y del Real Madrid.  Si les gustan mis columnas; háganmelo saber, si les disgustan; debatamos en buenos términos, un abrazo y saludos a todos.