Así como a la globalización podemos atribuirle la integración de culturas, ideas y productos, igualmente hay que tomar en consideración los cambios que impone a la condición humana.

Gradualmente, la modernidad ha transitado de la sociedad de producción a un posmodernismo regido por una sociedad de consumo. En el siglo XXI primero somos consumidores antes que productores. El amor y la amistad no se excluyen de esta transformación de la sociedad, pues pareciera que las relaciones humanas se diluyen con más fuerza por la esfera comercial de nuestra contemporaneidad que en tiempos pasados.

En Amor Líquido, Zygmunt Bauman continúa su estudio sociológico sobre el consumismo y sus efectos en la sociedad a partir de las tendencias capitalistas que se manifiestan en las relaciones personales. En sus propias palabras, procura “desentrañar, registrar y entender esa extraña fragilidad de los vínculos humanos, el sentimiento de inseguridad que esa fragilidad inspira y los deseos conflictivos que […] despierta, provocando el impulso de estrechar los lazos pero manteniéndolos […] flojos para poder desanudarlos”.

Bauman habla de el conjunto de experiencias relativas a enamorarse y desenamorarse. Tiene razón de decir que casi nada se parece tanto a la muerte como el amor, pues la aparición de cualquiera de estas dos es única pero definitiva, irrepetible, inapelable e impostergable. Como experiencia única, el amor no es una característica de los seres humanos, pues no es en sí un acontecimiento del tiempo humano, sino un hecho independiente y desconectado, ad nihilo, de la nada. De tal suerte, el amor sólo puede ser estudiado en retrospectiva, ansiosos por localizar o “inventar” fórmulas para poder comprender lo incomprensible.

Es válido, por supuesto; necesitamos sentir ese triunfo de consolación de haber superado una relación fallida y haber comprendido sus huecos, pero sólo para convencernos de nuestra fe en la bondad del mundo y de crearnos la ilusión de que hemos aprendido algo nuevo. Es por eso que el autor estipula firmemente que es imposible aprender a amar —tal como no se puede aprender a morir— ni a no-amar.

Aquí hay que hacer una distinción importante: deseo y amor. El deseo es el anhelo de consumir y el impulso a vengar los golpes emocionales y disipar la humillación. El amor es el anhelo de querer y preservar el objeto querido y no se manifiesta en cosas ya hechas, sino en el impulso a participar en la construcción de esas cosas, y he ahí el problema: para esta construcción se requiere de verdadera humildad, coraje, fe y disciplina, atributos que en nuestra sociedad consumista son excepcionales.

Lo que se puede consumir atrae, mientras que la producción asquea; si el deseo ansía consumir, el amor ansía poseer. Ergo, el humano suele buscar satisfacción instantánea en resultados que no requieran esfuerzos amplios ni nos sometan a una especie de esclavitud emocional. Aunque la soledad provoque inseguridad, las relaciones no parecen estar exentas de ella. En una relación uno puede sentirse tan inseguro como si no tuviera ninguna, o peor aún, oscilando “entre un dulce sueño y una pesadilla, y no hay manera de decir en qué momento uno se convierte en la otra”. Es de esta manera como surgen las relaciones de bolsillo, encarnación de lo instantáneo y desechable, listas para usarse cuando hagan falta. Nada de emociones involucradas ni compromisos , simplemente mero placer carnal.

Amor Líquido en sí explica la mercantilización de los lazos íntimos y el apego como una amenaza para la autonomía personal. En suma, Bauman hace un meticuloso estudio sobre las relaciones personales en esta sociedad de mercado líquida donde el dar y recibir sentimientos está visto en términos de costos y beneficios. De esta forma Bauman refleja detalladamente las angustias y las de la nueva moral en esta época posmoderna en donde el amor está descartado —incluso del idealismo— y sustituido por los amigos con derecho, por el faje, por el one-night-stand y demás figuras centradas en el consumo mutuo.

No se dejan cabos sueltos puesto que Bauman comprende en su estudio a las relaciones por Internet y al concubinato. El estilo que Bauman emplea en su texto puede ser un poco frío, pero es necesario para comprender los términos y conceptos que emplea. A pesar de todo, el libro es muy agradable y puede leerse con una tranquilidad considerable. Sin duda alguna, este es un must-read de cualquier lector serio que quiera comprender las aguas sociales en las que navegamos en la actualidad. Para la mejor comprensión del lector, se recomienda introducirse primero a Vida de Consumo del mismo autor.

*Soy estudiante de Derecho por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) de tercer semestre. Me interesa la política, la sociología, los conflictos en el Medio Oriente y la literatura. Me gusta escribir cuentitos y poesía. 

  • Momo Castellanos

    Me cautivó la reseña; lo leeré.