En días pasados, Juan José Santos publicó en este sitio un texto que buscaba defender el progreso tecnológico coartando y negando en el camino, la existencia de las humanidades, por lo que usaré este espacio para contestar que nadie niega el progreso y la tecnología, por lo menos en un aspecto racional, y para decir que no, las humanidades no podrán ser remplazadas por una computadora, ni los historiadores por la Wikipedia.

Para exponer su manera de pensar, utilizó como base un texto de Leon Wieseltier a quien cita de la revista The New Republic, una de las revistas americanas de más trascendencia y que además actualmente está en un relanzamiento. Para empezar lo saca de contexto, pues no es ningún artículo sino un discurso pronunciado al inicio de curso de la Brandeis University en Estados Unidos.

Juan José le adjudica al progreso tecnológico el futuro de la humanidad en tanto que no podríamos ser humanos, ni tener humanidades, si a través de la tecnología no pudiéramos combatir el SIDA, el cáncer… “la hambruna, la pobreza extrema y otros conflictos sociales que NO pueden ser resueltos a través de las humanidades”. Y aquí le pregunto cuál ciencia y qué organismo se enfoca a luchar contra la pobreza y esos conflictos sociales, que de manera positivista, de manera metódica y comprobable busca resolver, si no es la UNESCO, la ONU y otras cientos de ONG’s alrededor del mundo.

Del discurso pronunciado por Wieselter rescato una frase con la cual defiende al conocimiento y la manera en la que lo obtenemos, justificando en el camino a la historia y por supuesto, a la ciencia:

A great Jewish thinker of the early Middle Ages wondered why God, if He wanted us to know the truth about everything, did not simply tell us the truth about everything. His wise answer was that if we were merely told what we need to know, we would not, strictly speaking, know it. Knowledge can be acquired only over time and only by method.

Si no fuera por la ciencia, no conoceríamos cómo funciona el mundo, cómo está alineado el universo, la materia y cuáles son esas verdades que hay que descubrir. Si no fuera por la historia no conoceríamos esos conocimientos que a lo largo del progreso, tecnológico y humano, hemos ido descubriendo y organizando.

“[…] ¿quién va a brindar una mayor aportación, un cartógrafo o un ingeniero espacial? Claramente el ingeniero espacial. Éste puede construir y programar un satélite que genere un mapa de nuestro planeta con un margen de error mínimo, algo que el cartógrafo jamás podrá lograr, haga lo que haga. Es por esto que los científicos pueden lograr mucho más”, dice Juan José.

No tengo nada contra los ingenieros, ni espaciales, ni civiles, ni topográficos, pero saltar a decir que el ingeniero, por el simple y sencillo hecho de construir un satélite será experto en cartografía y podrá, con un solo clic desarrollar un mapa o una maqueta tridimensional del geoide terrestre, es justificar de manera errónea la existencia de ciertas disciplinas. Disciplinas que como la sociedad, evolucionan. Y los cartógrafos modernos se basan en los modelos satelitales para dibujar a nuestro planeta. Ya no estamos en los tiempos de Américo Vespucio.

Más allá de frenar el avance científico o de encontrarle la “selección natural” a la muerte de las humanidades, es encontrarle lo humano al progreso tecnológico y que no se pierda. Lo que Leon Wieselter busca en su discurso es evitar que nos convirtamos en máquinas como Charles Chaplin en Tiempos Modernos. Busca inspirar a los alumnos a pensar exactamente lo opuesto a lo que Juan José escribe: “Hoy en día se busca estudiar una carrera en la que puedas tener un amplio y práctico campo laboral”.

“Pronto no necesitaremos abogados, filósofos, ni psicólogos, de estas tareas se encargará una computadora. ¿Cuándo fue la última vez que tuvimos que recurrir a un historiador para alguna consulta de su especialidad?”.

Claro, porque la Wikipedia se llena sola… Ese sitio en Internet, una de las mejores creaciones de los humanos, es una genialidad tecnológica, pero también humanística. La enciclopedia de Diderot no existiría si no fuera por las humanidades, y no fueron solamente los ingenieros que programaron el wiki quienes la llenaron de contenido. La última vez que recurrimos a un historiador para alguna consulta de su especialidad fue la última vez que buscamos algo en la Wikipedia, porque fue un historiador quien, de manera anónima, escribió el artículo de la Caída de Roma, y fue otro quien lo editó. Así como un ingeniero espacial pudo haber escrito de Kepler, y un abogado de Habbermas, un psicólogo de Freud o un filósofo de Aristóteles.

Nadie niega que el avance científico siga existiendo, sin él no podría yo escribir esto, y tú lector, leerlo. Porque, dice Santos, “Mientras la tecnología no afecte de manera severa a la humanidad, no hay porque frenar el avance científico.”, pero las bombas atómicas son una pieza de ingeniería increíble, el arma bélica por excelencia jamás inventada, que sin aquel progreso tecnológico no hubiera podido ser desarrollada. ¿Y no afectó de manera severa a la humanidad destruyendo dos ciudades completas en un abrir y cerrar de ojos? ¿Más de 200,000 seres humanos que perdieron la vida en Japón no lo valen?

Y aquí nadie está diciendo que hay que frenar el progreso, sino, parafreaseando a Wieseltier, de verle la trascendencia.

Las humanidades son necesarias, porque sin ellas dejamos de vernos como humanos, que piensan y razonan, que hacen y deshacen. Y seguiríamos diciéndonos “raza”, como se hace referencia.