Toda mi vida, hasta la Universidad, fui en escuela de puros hombres.

Siendo escuela de hombres, la etapa de secundaria y prepa fue especialmente crítica para quienes no podían manejar su nuevo set de hormonas. Los ánimos se calentaban de vez en vez y una cita en el parquecito de enfrente, a la salida, para “alinear opiniones”, no era cosa rara.

Sobra decir que si asistía uno solo al duelo, el caso estaba perdido, pero generalmente los pleitos no llegaban a nada pues casi cualquiera con dos dedos de frente invocaba el viejo mandamiento de “no somos machos, pero somos muchos”. La muchedumbre diluía los ánimos de confrontación.

Esto es exactamente lo que pasó hace un par de días, cuando un grupo de “maestros” bloquearon el Aeropuerto de la Ciudad de México. Son demasiados, como para que Mancera se los madree.

Hace algún tiempo quiero hacer oír mi voz sobre la paupérrima condición de las vías públicas (no hay cosa que me ponga más de malas), pero cuando tuve la feliz ocurrencia de ir a protestar, impidiendo el acceso al Aeropuerto, en menos de lo que Sheldon dice “Bazzinga”, un oficial estaba ya contribuyendo (usando mi quijada) a abrir otro bache.

De igual manera, cuando acompañé a mi grupo de amigos hippies que querían impedir que Aeroméxico (¡Por cierto! ¿Recuerdan cuando golpearon a los pilotos que bloquearon Eje Central?) despegara para que el mundo supiera del atropello ecológico del coral de no-se-que-madres, nos metieron todos al tambo y “sembraron” marihuana para aumentar la condena (y vender más periódicos).

Pero parece ser que a partir de determinado número de personas paralizando una de las mayores arterias del país, la política es “privilegiar el diálogo”.

A pesar de que sean todos ellos un grupo de papanatas que no saben ni qué quieren cambiar a la reforma, se les respeta su bendita ocurrencia de darle en la madre a la imagen de México (sí, señor, no sólo la burguesía viaja en aviones, sino algunos inversionistas y hombres de negocios importantes para el país).

Obviamente no insinúo que el PRD le otorgue privilegios especiales a los revoltosos (pues todos los ciudadanos somos iguales, ¿qué no?), así que debe ser únicamente un tema de cuántas personas bloquean el Aeropuerto.

Mi pregunta es entonces, señor Mancera, ¿cuántos manifestantes necesito para que ya no me vuelvan a madrear?