Siempre me he autoconflictuado pensando en lo que debo escribir, a veces intento ser gracioso y a veces dramático; mi error está en que muchas veces escribo lo que quiero escribir, pero pocas veces escribo lo que debo escribir.

Siempre he dicho que no me importa la opinión del lector sobre lo que escribo, pero la realidad es que a todos nos importa lo que digan de nosotros; no es cuestión de buscar reconocimiento, ni siquiera atención, es cuestión de externalizar pensamientos del escritor y crear nuevos en el lector. Toda mi vida he querido escribir algo grande, o decirlo; algo que se comente, que cause revuelo; no por mi nombre, sino por el tema en sí, por la cuestión. Creo que este es el primer escrito en el que verdaderamente busco algo que no sea satisfacción personal, he escrito para tareas, mi blog, hasta he escrito solo para agradar a alguien. Pero, ¿qué sentido tiene hacer algo si es para satisfacción personal?

La respuesta la define cada uno, y de ahí pueden determinar si su vida tiene sentido.

La realidad es que siempre se ha dicho que estamos mal. En 1994 estábamos jodidos, en el 2000 estábamos jodidos, en el 2008 estábamos jodidos y en el 2013 estamos jodidos; ¿qué tan real es algo cuando solo se dice? ¿Podemos medir si estamos jodidos? Si la economía está mal, ¿estamos mal? Yo les aseguro que cuando la economía está mal, decimos que estamos mal; pero cuando está bien… olvídenlo, nunca hemos dicho que la economía está bien.

Aún recuerdo todas las burlas que leía cuando vi que México era calificado como el penúltimo lugar en los 11 aspectos de bienestar que considera la OCDE, pero había uno en el que sobresalíamos y éste era satisfacción ante la vida. La verdad no sé mucho del tema pero la única conclusión que puedo obtener es que los otros 10 aspectos en realidad no determinan nuestra felicidad. Es cierto, felicidad es un término muy ambiguo y he insistido en que no hay forma de medirla, pero de todos los aspectos que se evalúan, satisfacción ante la vida es lo más cercano a felicidad que hay.

Siempre he pensado que hay un problema que es la base de todos, muchos dirán que es la educación, otros que la seguridad, pero yo creo que la solución a esos problemas está en la siguiente pregunta: ¿quiénes son los encargados de establecer políticas que resuelvan los principales problemas del país? Así es, los políticos. En ellos está la solución a los temas que son un problema actual, es cierto; pero si la política es un problema, ¿cómo solucionar los problemas con un problema?

Ahí descubrí que mi teoría estaba mal, el problema no es la política, a primera vista parece que lo es, pero el tema va mucho más allá. Es un problema en el que estamos involucrados todos, no solo los mexicanos, sino absolutamente todos los seres humanos; y lo hemos mencionado, y siempre decimos que queremos tenerlo, y siempre criticamos a aquel a nuestro lado por no tenerlo, y siempre diremos que es lo más importante en la formación de nuestros hijos, pero ¿creemos en algo solo por decirlo?

El problema solo es uno y es el rompimiento de la vida diaria con la ética o, en otras palabras, falta de valores. Sí, sé que cambió su visión sobre mi escritura. “¿Falta de valores? Es imposible solucionarlo”, también es cierto, no podemos solucionar universalmente un problema, viviríamos en una utopía y una de las características de la utopía es que es imposible.

¿Por qué hay malos profesores? ¿Por qué hay malos alumnos? ¿Por qué hay delincuentes? ¿Por qué hay políticos corruptos? ¿Por qué hay tantas personas que anteponen el bien personal al bien general? Tal vez no sepa la respuesta exacta a cada pregunta, pero les aseguro que “falta de valores” aplica a todas; por lo tanto, creo que es una conclusión que aunque tal vez no sea verdadera, se acerca mucho a la verdad.

¿Pero cómo cambiar la mentalidad de 7,000 millones de personas? No lo haremos, solo podemos actuar conforme a nuestra vida diaria, donde deberíamos demostrar que somos seres humanos, y que como tales nos preocupa nuestra especie. Deberíamos preocupamos por nosotros mismos, es cierto, pero también siempre por los demás. No es buscar ser el hombre bueno que sale en noticieros, ni aquel que gana premios, deberíamos ser el hombre bueno que no busca reconocimiento; “el deber por el deber” escuché alguna vez que dijo Kant, y es cierto, tenemos la obligación de buscar el bien, sin recompensa alguna. “El plebeyo es ambicioso. El hombre verdaderamente noble es anónimo” decía Joseph Roth, y ahí puedo resumir todo lo que he dicho; tenemos que empezar a mejorar como seres humanos, saludar con una sonrisa tanto al jardinero como al jefe, buscar eliminar las injusticias que vemos todos los días y nunca actuar con ellas, denunciar el mal y atacarlo, enseñar a nuestros hijos y a nuestros hermanos con el ejemplo, un ejemplo de vida diaria, un ejemplo que involucrará esfuerzo es cierto, pero ¿qué serían las glorias si no involucraran esfuerzo de nuestra parte? Nunca olviden que son hijos de alguien, y todos los seres humanos son hijos de alguien; simplemente piensen en cómo les gustaría que sus hijos fueran tratados y actúen como tal con los demás. Perdona al que te dañó cuando se disculpa con sinceridad; el rencor y la ira son dos factores que han logrado que el mal permee en la sociedad. Solo les pido que todos empecemos. Sabemos cuál es el problema, ahora tenemos que empezar a buscar la solución, y aunque tal vez no la sepa en este momento, les aseguro que actuar pensando en nuestros hijos, en nuestros hermanos, o en aquella persona que amemos empezaremos a lograr avances muy significativos que finalmente darán resultados, y empezaremos a tantear el bien que tan soñado ha sido.

¿Qué sería de la humanidad si tan solo pensáramos en el prójimo y no en nosotros mismos con nuestras acciones?

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