Los hechos sucedidos esta semana en Boston nos demuestran que las redes sociales son como una inmensa sopa de letras donde cada quien escoge la que más le gusta.

Y es que su facilidad para compartir información de manera prácticamente instantánea provocó que fuera una de las primeras fuentes para conocer los bombazos que se dieron cerca de la línea de meta en el Maratón de Boston.

Televisoras y periódicos tomaron fotografías y videos que la gente publicaba en sus propias cuentas de redes sociales, incluso la policía de Boston utilizó esa información para la investigación, pidiendo en Internet que les fueran enviados por los ciudadanos.

Así llevamos toda la semana hasta el jueves en la tarde, cuando el FBI publicó las fotografías de los sospechosos;  sin problema, las fotografías corrieron a las redes sociales con facilidad y ya hasta en los foros de Internet los andaban buscando.

20130419-122253 p.m..jpg

En la noche, un tiroteo en las instalaciones del MIT llamó la atención. No tardó en aparecer un video desde una ventana donde se escucha el tiroteo en el que un oficial de la policía universitaria resultó muerto.

Para la madrugada la investigación llevó a las autoridades a cercar el suburbio de Watertown donde se decía que se escondían los sospechosos. La primicia a esa hora la llevaba CNN y toda su estructura de reporteros y analistas, fueron ellos quienes sacaron la primera imagen de un tipo tirado en la calle y con las manos esposadas.

En redes sociales la historia era un poco distinta, como era de esperarse le ganaron la primicia a la televisión, además de que en la escena había un sinfín de reporteros freelance que tuiteaban en tiempo real con imágenes, entrevistas y datos.

Por otro lado, se publicó en varios sitios de streaming, una liga para escuchar la transmisión de la frecuencia policiaca. Muchos repetían lo que se escuchaba en la transmisión, con esta información, varias veces se atrapó al sospechoso, luego se dijo que no era cierto, no se sabía en qué calle o en qué casa estaban en este momento, y se creó una enorme nube de tuits donde no se podía determinar qué era cierto y qué no.

Se trató de impulsar a los periodistas que estaban en escena, pero no era suficiente, la desinformación seguía generándose. Hasta que llegó la primera nota bien escrita de la madrugada, publicada por el NYTimes donde, con trabajo periodístico, se informaron los hechos.

¿El solo hecho de tener mi cuenta en alguna red social y mi smartphone me hace un periodista? No, un periodista investiga, pone en contexto, entrevista y trabaja la información. Una cosa es estar en el momento preciso y publicar el dato, y otro muy distinto es informar. La nota del NYTimes fue hecha por 13 periodistas trabajando diferentes fuentes y localidades. Retransmitir lo que se dicen los policías en la radio o tuitear lo que vemos en los canales de noticias por televisión o radio tampoco es hacer periodismo. La alberca de información que habita en Twitter es, si acaso, una fuente. Pero también es como jugar al teléfono descompuesto, donde cada quien toma la información que más le llamó la atención y lo reuitea, a la larga, se pierde el sentido y los hechos. Le sumamos violencia y una posible bomba, y la paranoia crece exponencialmente. Termino con un tuit sobre periodismo y Twitter del editor del diario Excélsior de México. Hay que cuidar la información y asegurar su veracidad, para evitar crear terrorismo.

Les recomiendo leer esta columna de Mauricio Meschoulam sobre Terrorismo.