El día de hoy recibí una noticia que me puso muy triste. Me dirigía a la universidad cuando mi mamá me hablo para esto.

En ese momento solo pude pensar: “¿Pero cómo? Hoy era su cumpleaños…”

Sí, hoy el Arquitecto Pedro Ramírez Vázquez cumplía 94 años; y a pesar de su edad era una persona que todavía tenía una chispa increíble y me gustaría compartir con ustedes una pequeña anécdota sobre el día en que lo conocí.

599430_10150895860786792_1306488802_nFue el 10 de julio de 2012, en su despacho, al sur de la Ciudad de México. El motivo de la visita era la selección de unas fotografías que tomó mi abuelo para un libro que su despacho preparaba sobre su vida y obra. Cuando mi abuelo me comisionó como su “representante”, quizá con un poco de maña para que lo pudiera conocer, me llene de alegría. En ese momento de mi vida estaba en la indecisión universitaria, estaba experimentando con la Arquitectura, saber si era lo mio o no mediante cursos y congresos, un poco de esto y de aquello…

La cita era por la mañana. Me levanté muy temprano, no sabia qué ponerme; en algún momento pensé que iba a ser un día importante y vaya que lo fue.

Impaciente, sentado en esa sala a la entrada de su despacho un sinfín de cosas acaparaban mi atención, entre maquetas y piezas arqueológicas, me atrevería a decir que era como una sala de museo. Finalmente, aunque estaba husmeando un poco aún, su secretaria nos informó a mi abuelo y a mí que el arquitecto estaba listo para recibirnos. Nos dispusimos a entrar y ahí estaba, sentado frente a su escritorio. Una persona con una presencia imponente, difícil de explicar. Mientras le mostrábamos las fotos, el agregaba recuerdos y detalles sobre esos momentos que mi abuelo captó con el lente de su cámara. Sus favoritas fueron las que se montaron en la última exposición de mi abuelo. “Ángeles, dioses y palacios” era el título de ésta; en su mayoría eran fotos de el traslado de Tlaloc, de ese pequeño pueblo de nombre Coatlinchán, por el rúmbo de Texcoco en donde fue encontrado, a su actual hogar en el Museo de Antropología e Historia (obra de Ramírez Vázquez). En esos días, Don Pedro, se dió a la tarea de supervisar personalmente este tipo de acontecimientos.

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Al finalizar de ver las fotos, tuve la oportunidad de platicar con él. Su enfermera se encargo de traer unas botanas (nueces de la India y una Coca-Cola bien fría, de sus favoritos). Fue bastante ameno, aunque la plática fue un poco lenta debido quizá a sus limitaciones físicas por la edad; eso no era problema para su cabeza. Como lo mencioné anteriormente, aún tenía la chispa, ¡y qué barbaro…! ¡Qué memoria!

Pudo relatarme cómo nacieron proyectos como el Estadio Azteca, la Basílica de Guadalupe y algunos otros en los cuales incursionó a lo largo de su carrera.

Finalmente nos tuvimos que despedir debido a que tenía otro compromiso, pero fue muy grato poder convivir con él unas horas. Platicar con él me abrió un panorama diferente sobre la labor de los arquitectos, y podría decir que es uno de los motivos por los cuáles estudio Arquitectura.

Que en paz descanse, Don Pedro Ramírez Vázquez.