Sería una mentira decir que toda mi vida he tenido un libro favorito, y que éste me ha acompañado a lo largo de mi existencia. La realidad es que con el paso del tiempo, y conforme fui leyendo y descubriendo nuevos autores y tipos de literatura, mi gusto se fue esculpiendo y el título de la obra a la que considero mi predilecta ha sufrido un par de modificaciones.

El primero que cambió mi vida fue Mi libro de las buenas noches, sí, ese mismo que mis padres me leyeron alguna vez en mis primeros años y que fue mi fiel acompañante cada noche a la hora de dormir.

Sin embargo, llegó el momento en el que aprendí a leer y era lógico pensar que un libro basado en imágenes ya no lograría atrapar mi atención, por lo que Corazón diario de un niño, de Edmundo de Amicis, se convirtió en la novela que le recomendé a todos mis amigos de la infancia, sin imaginarme que tan sólo unos años más tarde, cuando cumplí los 11, éste sería reemplazado por Colmillo blanco de Jack London.

Como toda mujer, pasé por una etapa en la que las novelas rosa acapararon mi librero, obras como Cumbres Borrascosas, Sentido y sensibilidad, Los puentes de Madison County agotaron mis recursos económicos. Pero sin lugar a dudas, fue Orgullo y prejuicio de Jane Austen, el que dejó una huella muy profunda en mí.

Tuvieron que pasar casi seis años para que otro autor me cautivara como lo había hecho Austen en mi adolescencia y una de sus novelas se colocara en el pues número uno de la lista de mis libros favoritos; me refiero a Haruki Murakami y Sputnik, mi amor.

Otra afirmación que resultaría falsa, sería decir que sólo estos títulos me han cautivado y merecen entrar en la selección especial de mi biblioteca personal; pues en mi caso, como en el de cualquier individuo, los libros son el acompañante perfecto en todo momento, nos ayudan a relajarnos, informarnos, entretenernos, aprender cosas nuevas, desarrollar nuestra imaginación, entre muchas otras cosas más.

Es por esto, que sólo quiero dar gracias a todos los autores que nos comparten sus historias, a todos aquellos que me han obsequiado o prestado un libro, pero sobre todo, a cada uno de los títulos que ha pasado por mis manos y que ha dejado una grata experiencia acompañada de un gran aprendizaje.