En algún momento todos hemos visto estos anuncios del Consejo de la Comunicación de su campaña “Diviértete leyendo”. En un principio la campaña se centró en fomentar la lectura como una forma de relación entre padres e hijos; buscando que el hábito se generara desde pequeños. Sin embargo, desafortunadamente, la campaña ha dado un giro.

Desde hace algunas semanas los promocionales en televisión fomentando este tipo de relaciones han desaparecido y espectaculares han aparecido por la ciudad con una frase recurrente: “Leer 20 minutos al día”. Y aunque usualmente la frase viene acompañada con un motivo para leer esos 2o minutos al día, el uso de una restricción temporal nos da la idea de que más allá de leer por curiosidad o para imaginar o para aprender, debemos leer por obligación.

No es raro que la mayoría de los niños odien leer cuando tenemos campañas que se enfocan en mostrar la lectura como una obligación diaria, en lugar de una oportunidad para pasar tiempo con la familia. Mucho menos, si nuestro sistema educativo presiona a los alumnos a leer un determinado tiempo dentro de los salones o pedir la conclusión de un libro en casa que muchas veces ni siquiera abren porque les fue impuesto.

Entonces, ¿cómo fomentar la lectura? De manera más común en los niños, pero también en muchos adultos, el mejor incentivo que puede haber para la lectura es lo que ha llevado a la humanidad tan lejos: la curiosidad.

Aunque el viejo refrán dice que no debemos juzgar a un libro por su cubierta, la realidad es que usualmente lo hacemos. ¿Por qué no en lugar de imponer una lista de lectura en las escuelas, dejamos a los niños elegir el libro que más les atraiga de una selección hecha acorde a su edad? ¿Por qué no regalar un libro?

La estrategia del Consejo de la Comunicación contaba con buenos recursos para atacar la problemática de la falta de lectura desde la óptica correcta: un mapa con bibliotecas cercanas, clubes de lectura, promocionales motivadores, etc. Sin embargo, su sitio de internet se encuentra desactualizado.

¿Qué otras alternativas hay para fomentar la lectura? Mi favorita es la iniciativa “Libros libres”, apoyada por la Cafebrería El Péndulo, que consiste en dejar “olvidado” un libro en algún lugar público con el fin de que alguien más lo tome y lo lea. Por otra parte, la Asociación “Para leer en libertad” mantiene una presencia constante en redes sociales con eventos como ferias del libro locales y talleres.

Apelar a la curiosidad, esa es la clave.