Alguna vez leí que los gatos son los animales que más se ajustan a los escritores. Ambos comparten algunas características: son solitarios, independientes, individualistas, y por qué no, también un poco arrogantes. Desde Murakami hasta Borges, varios escritores alguna vez tuvieron un gato cerca de ellos. Ésta es la breve historia de cómo tres escritores transformaron a estos lindos, tiernos y altaneros felinos en su pasión y, en algunos casos, en literatura.

1. Haruki Murakami

Es sabido por todo el mundo que en Japón los felinos son queridos y adorados, siendo muchas veces fuentes de inspiración para mangakas, pintores y escritores. Basta recordar al Maneki Neko (gato de la fortuna) que actualmente circula —con su patita izquierda levantada— por todas partes del mundo, invitando a la gente a entrar a los negocios en donde se encuentra. O al famoso Doraremon, gatito azul de la serie animada de Fujiko F. Fujio que hace muchos años llegamos a ver en canal 5. Incluso, si nos vamos un poco a lo girly del asunto, podemos pensar en la gatita más famosa del mundo: Hello Kitty.

En cuanto a Haruki, quien haya leído por lo menos tres libros de este singular autor japonés habrá notado la pequeña —gran— afición que éste tiene con  los gatos (recordemos que en 1974 abre su club de jazz: Peter Cat). En sus novelas, los felinos son utilizados como vehículos de búsqueda interior para los personajes, o como conectores con el destino de los mismos. Me atrevería a decir que siempre están presentes cuando un acontecimiento extraño está por suceder.

Es tan frecuente la aparición de estos tiernos animalitos que no es raro que cuando uno ha leído mucho de él, quede un poco traumatizado cada que se encuentra a uno en el mundo real.

Algunas obras: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo; Kafka en la orilla; Sputnik, mi amor; IQ84; Sauce ciego, mujer dormida.

2. Jorge Luis Borges

“El gato blanco y célibe se mira
en la lúcida luna del espejo
y no puede saber que esa blancura
y esos ojos de oro que no ha visto
nunca en la casa son su propia imagen.
¿Quién le dirá que el otro que lo observa
es apenas un sueño del espejo?
Me digo que esos gatos armoniosos,
el de cristal y el de caliente sangre,
son simulacros que concede al tiempo
un arquetipo eterno. Así lo afirma,
sombra también, Plotino en las Ennéadas.
¿De qué Adán anterior al paraíso,
de qué divinidad indescifrable
somos los hombres un espejo roto?”

Pues sí, Borges también tuvo un gato; se llamaba Beppo —a quien dedicó el poema de arriba—. Conociendo el gusto del autor de El Aleph por los escritores ingleses, podemos intuir que adoptó el nombre del felino por el Beppo de Lord Byron.

Borges estuvo fascinado desde la infancia por los felinos. Adoraba a a los gatos, a tal grado que les dedicó uno que otro poema. En los últimos tiempos, Borges vivió junto a dos gatos: Odín y el fiel —aunque por momentos iracundo—Beppo.

3. Carlos Monsiváis

Siempre que alguien menciona a Monsi, uno inmediatamente lo relaciona con 3 cosas: la crónica, la ciudad… y los gatos. A los 10 años supo que estaba fatalmente atraído por los felinos. Desde entonces, no ha habido momento en que uno piense en él sin considerar a los 12 fieles compañeros que lo acompañaron hasta el día de su muerte.

“Para mí el gato tiene demasiadas cualidades, es de una belleza cambiante, es grácil, presenta lo que decía un poeta: ‘Un gato es nuestra única posibilidad de acariciar un tigre’, es débil, es fuerte, es mañoso, es humilde, es distante, es cercano”, solía decir.

Monsi trató a sus gatos como si fueran sus hijos: los tenía bajo dietas estrictas, tenía un horario para cada una de sus actividades, toleraba sus imprudencias y nunca los regañaba. “El ‘psicólogo de gatos dice que eso no les hace bien'”. Nunca nadie conoció al dichoso psicólogo de gatos.

Así era como Carlos, desde su domicilio en la calle San Simón en la colonia Portales, se sentaba durante el día a escribir sus crónicas,  ensayos y libros a mano. Mientras tanto, en los libreros, sillones y recámaras, rondaban y ronroneaban Copelas o Maullas, Recóndita Armonía, Monja Beligrante, Fetiche de Peluche, Caso Omiso, Siniestro Chocorrol, Miau Tze Tung, Catástrofe, Nana Nina Ricci y Catzinger, entre otros.

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Otros escritores y sus respectivas relaciones gatunas:
  • Julio Cortázar escribe sobre los gatos en Rayuela y Último Round. Además, tenía un gato de nombre T.W. Adorno.
  • H.G. Wells tuvo un gato llamado M. Peter Wells.
  • Carlene Fredericka, periodista estadounidense, escribe Los gatos de Hemingway para dar a conocer la relación que el escritor de Adiós a las armas tenía con estos felinos.
  • H.P. Lovecraft escribe Los gatos de Ulthar y posteriormente su ensayo Gatos y perros.
  • El gato de Herman Hesse era tan inquieto que el escritor lo tenía que perseguir siempre por toda la casa.
  • Para 1989, Haruki Murakami tenía 10 gatos viviendo con él.
  • Charlotte y Emily Brontë tuvieron un gato llamado Tiger, mientras escribía Cumbres Borrascosas.
  • Cuenta la leyenda que el gato de Jean-Paul Sartre se llamaba Nada.
  • Truman Capote tenía dos gatos y un perro.
  • Alejandro Dumas tuvo varios gatos, entre los cuales destacan Mysouff I, Mysouff II y Le Docteur.
  • Mark Twain tuvo numerosos gatos como son Apollinaris, Beelzebub, Blatherskite, Buffalo Bill, Satan, Sin, Sour Mash, Tammany y Zoroaster.
  • F. Scott Fitzgerald tuvo un gato llamado Chopin.
  • Edgar Allan Poe tuvo una gata llamada Catarina. Y sí, esta gata fue la que inspiró su famosa obra El gato negro.
  • En referencia a los gatos, el francés Emile Zolá escribe El paraíso de los gatos.