Brillo se dedica a producir y vender productos de limpieza bastante populares en Estados Unidos desde 1913. Sin embargo, desde la década de los 60 significa mucho más que eso, pues la marca es más conocida como un icono del arte y ha encontrado lugar en museos de arte moderno en varias capitales culturales en América y Europa. Esto no ocurrió por casualidad, sino porque Andy Warhol plasmó la preferencia popular por la marca hace 50 años en cajas que emulaban el diseño de producto de los empaques que se vendían durante ese periodo. A menudo se cuestiona este trabajo pues críticos del arte afirman la imposibilidad de reconocer como arte un objeto que no tiene el ser arte como su único propósito. En este caso, puesto que las cajas de Brillo podían ser encontradas en cualquier supermercado, parecía absurdo tratar de ver en ellas un valor que trascendiera el comercial.

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Es por esto que Andy Warhol es uno de los artistas plásticos más controversiales y populares del siglo XX. Para entender la contundencia de las cajas de Brillo, es necesario tener en cuenta la fascinación de Warhol por la manera en la que, en Estados Unidos, tanto los ricos como los pobres compraban los mismos productos básicos, lo que los hacía identificables por prácticamente toda la gente. Según él, gracias a esto, dichos elementos podían ser considerados como parte de la cultura; a la par de una bandera o escudo nacional. Esta ideología sentó las bases para la cultura pop, concepto que se considera inherente a las sociedades contemporáneas.

Sin embargo, a menudo se plantea el problema sobre la transmisión de ideales y emociones a través del arte. Al apreciar una pintura, además del conjunto de colores, símbolos y situaciones en el sustrato, es posible apreciar el punto de vista de artista, que situado en un contexto social y temporal específico adquiere importancia y transmite un retrato único de la humanidad en cierto momento. Con esto, se vuelve relevante. Bajo este criterio, es imposible considerar a las cajas Brillo como arte, pues fueron diseñadas por un equipo de marketing con el propósito de vender el producto, no transmitir ideas o sentimientos.

Sin embargo, la obra de Warhol hace precisamente esto, pero con un enfoque distinto. Este significado no proviene de las características plásticas de las cajas de Brillo, pues son insignificantes, sino de la yuxtaposición de acontecimientos de la vida diaria en los que el objeto en cuestión forma parte. Esto le da significado y relevancia de una manera similar al caso anterior y se relaciona con las ideas de Warhol sobre objetos de la vida cotidiana como elementos de la cultura. La diferencia radica en que para apreciar este valor cultural, es necesario despojar a los objetos de su contexto ordinario y mostrarlos en un espacio en el que pueda ser apreciado por su valor intrínseco y no por una función.

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Prueba de la validez del trabajo de Warhol es el precio que alcanzan la mayoría de sus obras siendo “8 Elvises”, de 100 millones de dólares, la más valiosa vendida hasta ahora. Por ser un raro exponente del trabajo de escultura de Warhol, las cajas de Brillo se encuentran en la exhibición permanente del Warhol Museum en Pittsburgh, uno de los museos más grandes en Estados Unidos dedicados a un solo artista. Gracias al valor de este trabajo y a su estética apariencia, se encuentra plasmado en muy diversos medios: desde libros hasta el fondo de escritorio de mi computadora.