¿Qué se necesita para ser grande? ¿Cómo alcanzar la inmortalidad por medio de concreto y varillas? Es simple: tal y como Óscar Niemeyer lo ha hecho. Aunque el notable arquitecto brasileño ha tenido serias complicaciones de salud en los últimos años, incluyendo una crisis respiratoria ayer, es un hecho que sus valiosas contribuciones a la historia de la arquitectura seguirán influenciando un sinfín de generaciones futuras de estudiantes y profesionales dedicados al diseño y construcción.

Ganador del premio Pritzker en 1988, Niemeyer es uno de los más prominentes seguidores y promotores del estilo Internacional así como de la experimentación plástica con el concreto armado. Aunque en su juventud se enfrentó a una crisis vocacional, la falta de arquitectura de calidad en su natal Brasil lo llevó a preparase para convertirse en Ingeniero-Arquitecto por parte de la Escuela de Bellas Artes de su país. Siempre caracterizado por ser un idealista, después de estar involucrado con diversos grupos socialistas, Niemeyer se unió a Le Corbusier para diseñar el edificio de las Naciones Unidas en Nueva York. Con este evento, su carera despegó y entró a una nueva etapa que cambiaría su vida y la de su país, radicalmente.

En 1956, el urbanista Lúcio Costa es elegido para planear Brasilia: la nueva capital de Brasil. Por designio del mandatario en turno, Niemeyer es comisionado para colaborar con Costa diseñando edificios e infraestructura que complementaran el plan urbano. Fue durante este periodo que realmente mostró su estilo, algo muy poco visto en la época, basado en geometrías suaves y curvas. Para él, no es el ángulo recto el que lo atraía, ni la línea recta creada por el hombre, sino la curva libre que encontraba en las montañas, ríos y mujeres de su tierra. Es gracias a esta visión que construye la Catedral de Brasilia, uno de los edificios más representativos de Niemeyer y de la capital sudamericana.

Aunque Niemeyer fue forzado a abandonar su país debido a un régimen opresor, siguió diseñando en Europa, donde vivió durante los años 70. Durante este periodo diseñó una gran variedad de edificios, entre los que destacan el Casino de Funchal en Portugal y la Sede del Partido Comunista Francés en París. Una década más tarde, regresaría a Brasil tras la caída de la dictadura, y restablecería su despacho en la capital. Fue en este período de su carrera en el que construyó su mejor obra: el magnífico Museo de Arte Contemporáneo de Niterói, un espacio que combina el entorno con la obra y que borra las líneas entre escultura y arquitectura.

A sus 104 años, Óscar Niemeyer sigue diseñando edificios y espacios de calidad alrededor del mundo. Asimismo, se ha involucrado en el diseño de esculturas y en la planeación de ajustes a algunas de sus obras antiguas, que al estar protegidas como Patrimonio Nacional o Internacional de la Humanidad, solamente pueden ser modificadas por él. Sin importar qué pase con su condición de salud en los próximos días, queda muy claro que no es el fin de la larga carrera del arquitecto pues estará siempre presente a través de su obra en las calles de Brasil y del mundo.