Enrique Peña Nieto en su discurso en la sede nacional del PRI. Fuente: Facebook

He escrito aquí en múltiples ocasiones lo que opino del ahora virtual Presidente Electo, Enrique Peña Nieto. No lo repetiré, más por respetar la voluntad de quienes votaron y que esperan ansiosamente que su gestión inicie.

Los tiempos han cambiado. Ni los priístas más acérrimos pueden defender las múltiples atrocidades y estupideces que cometieron a lo largo de la historia. Que muchos, hoy, crean que el PRI ha cambiado, es respetable; pero negar la historia es inadmisible.

El PRI antiguo se alimentaba del mundo antiguo. Un mundo donde la información no era libre, sino censurada; donde la inmediatez de las noticias no era siquiera comparable a lo que hoy gozamos. La respuesta ciudadana era rápidamente acallada, la crítica suprimida. Era un mundo donde la gente se indignaba por menos, estaba más conforme y pasiva, o estaba vigorosamente activa pero perseguida. Era el mundo del 68, de la tolerancia a un asesinato de miles de jóvenes que querían un México mejor, cuyas imágenes se transmitieron por televisión. En ese sentido, era un México más absolutista.

Las cosas han cambiado. El entorno mundial obliga a México a estar en cintura. Las instituciones se han desentralizado y el poder de los viejos dinosaurios se ha visto mermado. Los jóvenes son igual de inquietos pero tienen el poder de la información de su lado. Los adultos conocen el pasado y sabrán reconocer los indicios de su retorno. Puede ser que el PRI haya regresado al poder, pero eso no significa que quienes los trajeron de vuelta estén dispuestos a soportar las atrocidades del pasado. Si se votó por el PRI fue por castigar una administración que, a pesar de que en mi opinión ha sido una de las mejores, inició una ola de violencia. México fue muy crítico con su gobierno y lo demostró hoy en las urnas; finalmente la palabra de las masas se ha impuesto sobre el gobierno.

Peña Nieto no podrá gobernar con la holgura que sus antiguos predecesores. Hoy en día, en México no se tolerará otro dictador. Hoy en día, un grupo de jóvenes da muestras claras de que la gente será crítica a su gobierno. Vivimos tiempos de inestabilidad política, y los actores políticos que tengan delirios de grandeza se andan con cuidado: desde dictadores militares asesinados en Oriente hasta una generosa descalabrada al gobernante italiano, el mundo no está dispuesto a aguantar más estupideces. Espero que estas señales de que el león dormido despierta no pasen desapercibidas para el virtual Presidente Electo, para que sepa en todo momento que será el Primer Mandatario, es decir, el primer mexicano que reciba nuestras órdenes y mandatos.