Últimamente he leído o escuchado la palabra “revolución” entre las pláticas de algunos conocidos. Y es que con tanta problemática social todos ya nos encontramos hartos del gobierno. Pero, de eso a una revolución hay mucha diferencia, en este país ya hemos tenido una Revolución y basta leer unos cuantos libros de Historia para entender que los saldos no fueron tan favorables como se esperaba.

Alguna vez leí la frase “Cada pueblo tienen el gobierno que se merece”, y en alguna medida es cierto. No podemos pedir un gobierno incluyente cuando nosotros no lo somos. Esto no se trata de señalar o juzgar, pero muchas personas todos los días cometen actos de discriminación en contra de alguien más. Esto, no creo que sea responsabilidad de algún gobierno, ¿o sí?

Para los que me siguen en Twitter no es ninguna sorpresa decirles que yo no me encuentro del todo a favor del movimiento #YoSoy132. Pero voy a explicar mis razones. Para muchos puedo llegar a ser demasiado idealista, pero mis ideas liberalistas y lo que he leído de filosofía me han llevado a tener un ideal en el cual el gobierno no decide o impone la manera de actuar de un ciudadano. Hay acciones del día a día de cada uno de nosotros que hace mucho más la diferencia que alguna acción política. Mi problema con el movimiento es que ha mutado en su gran parte en un movimiento de odio contra un partido y más específicamente contra Enrique Peña Nieto; también es un movimiento que muchas veces pide que el Estado solucione todo tipo de problemáticas, sin que cada actor en la sociedad cumpla con su parte (no generalizo, sé que no todos, pero algunos miembros lo hacen). Como si el Estado fuera el responsable de ponernos la mamila en la boca.

También muchos han decidido tomar una postura de total apoyo hacía AMLO, tachando desde intolerantes hasta estúpidos a los que se proclamen en contra de las ideas del candidato. Aunque queramos decir que no, todo esto esta dividiendo al país. En lugar de que seamos una sola masa que jala parejo, parece que somos distintos grupos que se meten el pie entre ellos, como si el objetivo fuera demostrar que el que no comparte lo que pienso es un idiota.

Yo no pretendo ser cabeza de algún movimiento y lavarte el cerebro para que estés de acuerdo con lo que digo, solamente te quiero recordar algo que en mi opinión es muy importante: todos somos personas, pase lo que pase en estas elecciones si no tenemos bien claro esto, difícilmente podamos cambiar como país. Antes de denigrar a alguien, antes de llamar estúpido o ciego a alguien que no comparte tus ideas políticas recuerda que al igual que tú, esa persona es un ser humano. No confrontes de forma agresiva, si de verdad quieres que alguien cambie su opinión primero entiende por qué esa persona tiene esa opinión y después de una manera fácil y educada hazle ver tu punto de vista. Si fallas en el intento respeta su derecho de elección.

Debemos entender que no dependemos de una figura presidencial, ese México con seguridad, paz y armonía que buscamos depende de que cada uno de nosotros haga bien lo que nos toca. No ayudemos a que existan mafias, tratemos a todos como si fueran nuestros mejores amigos, así no existirá resentimiento. El trabajo del gobierno es sólo poner bien las reglas del juego, hacer que esas reglas se cumplan e intentar que los que no pueden jugar logren hacerlo. El gobierno no nos va a resolver la vida ni va a pintar un paisaje como el que queremos. Es nuestro trabajo, vivimos en una democracia, el poder es nuestro. Si las reglas están mal establecidas tenemos que exigir que sean la correctas para que entonces si todos podamos jugar.

¿Vamos a esperar seis años para ver si súper AMLO o súper EPN lograron el cambio? Mejor vamos a hacer una revolución, pero sin armas o consignas, una revolución personal. En la que cada uno cambie dentro de sí mismo e intente reflejar ese cambio en su entorno. Esa sí es la revolución que necesitamos.