¿Por qué tanto rollo con Sacal Smeke?

El caso del Gentleman de las Lomas ha sido uno de los más sonados (ja-ja) en estos úlitmos días. Desde que se hizo público en YouTube un video donde le atizaba tremenda soba a un pobre muchacho de un valet parking —en palabras de Miguel Sacal— porque no quizo hacer lo que su amo y señor le mandaba, y desde que agarró vuelito en los noticieros (últimamente así son las noticias: primero en las redes sociales y luego en los medios tradicionales), el caso de Sacal Smeke se ha seguido con especial interés por el público.

¿Por qué?

Todos los días, miles de mexicanos “resolvemos” nuestras pequeñas diferencias a puños o un poco más violentamente. Recuerdo a los narcos que balazearon a un pobre muchacho de vialidad por el tráfico que generaba una obra, recuerdo a las Ladies de Polanco que agredieron a un poli (y que ni de cerca tuvieron tanta fama como el Gentleman), y recuerdo haber visto en más de una vez golpizas en estadios, en la calle, en la prepa… ¿Qué hizo tan famoso a Sacal?

La prepotencia, la impunidad.

Poco después de revelada la golpiza, salió a la luz un video mostrando a Sacal retador ante un reportero que lo graba cuando —si no recuerdo mal— una grúa se llevaba su coche por estar mal estacionado. Ahí se ve a Sacal mentando madres, agrediendo al reportero y mostrándonos a todos lo que se sentía: intocable. “Me la pelas”, le decía al reportero, con una entonación de “tú no sabes con quién te estás metiendo, pobre diablo”.

El coraje y la ira contra este tipejo fue especialmente dolorosa porque los televidentes sabíamos que, efectivamente, empresarios con dinero y con aires de grandeza como él tenían el capital suficiente para “flexionar” el sistema judicial en su favor. ¿Qué va a poder hacer un pobre valet contra un tipo que vive en la Torre Altus en Las Lomas? Poco más que nada. Si el abogado del valet logra amenazar acertadamente al despacho de Sacal, seguramente terminará siendo contratado por éste. ¿No vieron Presunto Culpable? En México se da todo menos justicia.

Una radiografía perfecta de nuestro asqueroso sistema judicial. Veíamos en su cara agresiva el triunfo de la corrupción.

Pero algo sucedió.

Hace unos días se dió a conocer que Sacal sería ingresado al reclusorio. El festejo —por lo menos en las redes sociales— fue más grande que cuando se ha capturado a cualquier calaña de criminales. El hecho de que un tipejo como Sacal sintiera el rigor y pagara por sus pecados fue una catarsis social. Millones de Gentlemen abundan en la Ciudad de México. Tipos que se sienten paridos por Zeus y las diosas del Olimpo. Tipos que sienten que todo lo tienen —o deberían—, que todo lo merecen. Tipos que afirman que los pobres son pobres porque son huevones, tipos que se ofenden cuando los incluyen y los promedian. Basta darse una vuelta en algunos barrios finos para percatarse de esto. Este resentimiento que generan es el que tiene a México polarizado, es el resentimiento que falsos mesías como El Peje aprovechan para generar la marxista lucha de clases.

La importancia de meter a Sacal en el bote, más que hacer justicia, fue —aunque sea por sólo un momento— disminuír la inequidad social mexicana. Nada se ha resuelto definitivamente, pero fue un rayo de luz con mucha esperanza.