DISCLAIMER: Debo antes aclarar que el escrito original de este texto no es de mi autoría. Es raro, de hecho, que en La Coctelera “parafraseemos” otros textos; más bien los comentamos o directamente los compartimos. La razón por la cual se tradujo parte del texto original aquí es que ha sido retirado de su sitio en internet; es decir ha sido borrado. Conservé el texto por encontrarlo interesante y ahora que no está en línea, encontré oportuno ponerlo a su disposición.

Por falta de información sobre el autor original de este texto, nos tendremos que limitar a dirigirles a la página donde originalmente estaba hospedado: la página de la División de Estudios Educacionales de la Universidad Emory. Fuera de eso es imposible citar a un autor como tal, por lo que la validez de que lo sean también puede estar entredicha.

Agradezco a Rodrigo Jiménez Camus que compartió este texto, tománolo a su vez del Twitter del economista Tim Harford  quien por último lo compartió desde la cuenta de María Popova.

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La genialidad no radica en la buena fortuna, o en la increíble inteligencia; sino en la persistencia de la voluntad.

De joven, Abraham Lincoln fue a la guerra con el cargo de capitán y regresó como soldado razo. Después, fracasó como empresario. Como abogado en Springfield, era demasiado impráctico y temperamental como para poder tener éxito. Se dedicó a la política y perdió en su primer intento de ser legislador, en su intento de pertenecer al Congreso, en su intento de ser comisionado, en las elecciones para senadores en 1854, en ser Vicepresidente en 1856 y en las elecciones de Senado en 1858. Para ese entonces le escribió en una carta a un amigo que era “el ser humano vivo más miserable. Si distribuyesen equitativamente mi infelicidad a toda la especie humana, no encontrarías una cara sonriente en toda la tierra”.

Winston Churchill reprobó sexto grado. Le ganaron de manera reiterativa en cada elección para un cargo público hasta que logró ser Primer Ministro a los 62 años. Escribió después: “nunca te dejes vencer (…) Nunca, nunca, nunca, nunca te dejes vencer”.

A Sócrates lo llamaron “un inmoral que corrompe mentes jóvenes”, y continuó corrompiendo jóvenes incluso después de la sentencia de muerte que le dictaron. Bebió el veneno, en lugar de huir, para morir como un corrupto.

Sigmund Freud fue abucheado en el podium la primera vez que presentó sus ideas a la comunidad científica. Aún así, continuó su investigación.

En su debut como tenor, Luciano Pavarotti cantó una obra compleja que tenía nueve notas, –nueve “do’s” de pecho– largas muy agudas como solo. Se le salieron cuatro gallos en cuatro de las nueve notas. Uno de sus apodos fue, posteriormente, el Rey del Do de Pecho.*

Charles Darwin abandonó su carrera como médico. Su padre le criticó que sólo le interesaba la práctica de tiros, los perros y atrapar ratas. En su autobiografía, Darwin escribió: “Fui considerado por todos mis profesores y mi padre como un niño ordinario, con un intelecto por debajo del promedio”. Claramente, evolucionó.

Los profesores de Thomas Alva Edison decían que era “demasiado estúpido para aprender algo”. Lo despidieron de sus primeros dos trabajos por ser “improductivo”. Como inventor, Edison hizo 1,000 intentos infructíferos antes de inventar la bombilla eléctrica. Cuando un reportero le preguntó “¿Cómo se sintió al haber fallado 1,000 veces?”, Edison respondió “No fallé 1,000 veces, simplemente la invención de la bombilla eléctrica tuvo 1,000 etapas”.

Albert Einstein no habló sino hasta los 4 años y leyó hasta los 7. Sus padres pensaban que era “sub-normal”, y uno de sus profesores le describió como “mentalmente lento, antisocial y capturado en sus propios sueños infantiles”. Lo corrieron de su escuela y le negaron la admisión a la Escuela Politécnica de Zurich. Eventualmente aprendió a leer y a hablar. Incluso a hacer algo de matemáticas.

Cuando estaba en sus estudios de carrera, se le consideraba a Luis Pasteur como un alumno mediocre, siendo el 15º lugar de una generación de 22 químicos.

Henry Ford estuvo en bancarrota 5 veces antes de tener éxito con su empresa.

R. H. Macy falló en abrir una tienda exitosa 7 veces, antes de que Macy’s tuviese éxito en Nueva York.

Un experto en deportes una vez describió a Vincent Lombardi como un tipo que poseía “mínimo conocimiento de fútbol y con falta de motivación”.

A Walt Disney lo despidieron como editor periodístico porque “tenía una falta de imaginación considerable y ninguna buena idea”. Entró en quiebra varias veces antes de construir Disneyland. De hecho, el proyecto fue rechazado por la ciudad de Anaheim bajo el argumento de que “sólo atraería a gente indeseable”.

Cada caricatura que mandó Charles Schultz (el creador de Charlie Brown) durante la secundaria al comité del anuario de su generación fue rechazada. ¡Ah! Y Walt Disney no lo contrataría después.

Emmeline Snively, directora de la agencia de modelos Blue Book, le quitó las esperanzas de ser modelo a la joven Norma Jeane Baker, diciéndole: “Mejor deberías aprender a ser secretaria, o si no, deberías casarte”. Norma Jean posteriormente adoptó el seudónimo de Marilyn Monroe.

A Michael Cane su patrón le dijo que “sería un jornalero toda su vida”.

Los jefes de los estudios de Hollywood originalmente rechazaron a Charles Chaplin por considerar que su pantomima “no tenía sentido”.

Después de su primer aparición en la película “Dead Heat on A Merry-Go-Round”, el vicepresidente del estudió llamó a Harrison Ford a su oficina. “Siéntate chico”, le dijo, “te contaré una historia. La primera vez que Tony Curtis estuvo en una película nos trajo una bolsa de golosinas. Le dimos una mirada y supimos que iba a ser una estrella”. Ford le contestó: “Yo hubiera pensado que era un simple repartidor de dulces”. El vicepresidente corrió a Ford de su oficina diciéndole “No entendiste, chico; no entendiste. Ahora, lárgate de mi oficina”.

Decca Records rechazó un contrato con Los Beatles argumentando “no nos gusta su sonido. De cualquier forma, los grupos de guitarras van de salida”.

En 1952, Jimmy Denny, manager de Grand Ole Opry, despidió a Elvis Presley después de solo una puesta en escena. Le dijo a Presley “no irás a ningún lado así, hijo. Mejor regresa a manejar un camión”.

Beethoven sostenía el violín de una forma rara y prefería componer, en lugar de mejorar su técnica como violinista. Su profesor de música se refirió a él como “un compositor sin futuro”. Escribió posteriormente, cinco de sus mejores sinfonías completamente sordo.

Los impresionistas se vieron forzados a hacer sus propias galerías de arte para exhibir pintura porque el Salón de París los rechazaba continuamente. ¿Quién ha oído del Salón de París?

Van Gogh vendió solo una pintura a lo largo de su vida, a la hermana de un amigo suyo. La vendió en 400 francos, aproximadamente $50 dólares de hoy. No le impidió pintar cerca de 800 cuadros.

El padre de Rodin alguna vez dijo que “tenía un hijo idiota”. Lo rechazaron tres veces de la Escuela de Bellas Artes.

A los 95 años, el famoso cellista Pablo Casals, fue una vez interrogado por un joven periodista. “Sr. Casals, es usted el mejor cellista que ha vivido, ¿por qué sigue practicando 6 horas diarias a su edad?”. A lo que él respondió: “Porque creo que al fin estoy teniendo progreso”.

“Las pequeñas mentes son aplastadas y controladas por la falta de fortuna, pero las grandes mentes se levantan sobre ella”
– Washington Irving.