Esta frase realmente genial se la enseñó un profesor de la carrera a mis papás, cuando estudiaron Comunicación.

Él decía que los títulos de los artículos debían despertar el interés del lector de una manera inteligente. El ejemplo era “Hizo pozole a su abuelita” como titular, y al inicio del artículo se leería “porque fue su cumpleaños”.

Lamentablemente, ejemplifica muy bien otra realidad. Los titulares interesantes venden, pero venden más si tienen sangre o sexo como trasfondo. Y no solo en publicaciones, sino en música y cine (recomiendo leer éste artículo de AlfProducciones, que me inspiró a escribir esto).

El mejor ejemplo de un diaro de altísimo tiraje es el tristemente célebre Metro. Una porquería que debería de ser vetada. El diaro Metro refleja lo mejor de lo peor. La portada siempre tiene un título sensacionalista y altamente rojo con un poco de humor negro ofensivo (“¡BAAAAJAN! Camión se cae de una barranca descuartizando a todos los pasajeros, que quedaron regados por…”), junto con una preciosa foto con filtro rojo, al lado de la “chica del día”, que obviamente tiene encima menos ropa que silicón.

El diario vende como pan caliente. A la gente le gusta eso; el morbo. Está en nuestra naturaleza, supongo.

Creo que vale la pena poner este tema en la agenda: ¿cómo puede ser posible que veten a Récord por exponer la realidad del futbol mexicano y el Metro venda sin nignún tipo de censura? Las cosas deberían de ser al revés. Los humanitos tendemos un poco hacia el lado negativo. Sólo necesitamos un pequeño empujón para echar la flojera, hacer las cosas por el lado fácil, volvernos morbosos… lo sabemos por experiencia. ¿No sería bueno que las autoridades nos echaran la mano con un poco de censura? ¿Por qué si se prohíben con justa razón las drogas, la pornografía infantil, escenas con contenido violento o sexual en horarios familiares, no se ha puesto la lupa en lo que se reparte en las calles? Sabemos de sobra que no basta con la autocensura.

Podría seguir con esto, y platicarles de cuando vi a un querido amigo como portada de ese asqueroso periódico, al tiempo que yo sabía lo que estaba sufriendo; pero no vale la pena hablar más de un periódico de tres pesos, porque ni si quiera es gratis.