La pirámide social mexicana revela cientos de componentes, grupos adecuados por nivel económico o por nivel de aspiración. Como la alta burguesía mexicana rara vez se encuentra en México, quedan los que quieren irse pero no les alcanza para salir, entonces se vuelven copistas, perfectos imitadores de modas europeas o norteamericanas, exhiben las marcas más populares de la Fifth Avenue y presumen sus viajes a San Antonio. Aman viajar, olvidar que pertenecen a un País pobre de Latinoamérica; su vida, compañía, incluso las facciones tienen en ellos una antropométrica diferente, delicada, suave, blanca.

El concepto de “fresa” nos envía de regreso a un estilo de vida colonial, donde las diferentes mezclas raciales ocupaban un lugar determinado y jamás podía modificarse. Los fresas son una élite resguardada, generalmente, en una economía abundante. Se identifican por una forma de hablar siempre imitada, alargan la última sílaba con un tono de superioridad en el manejo del castellano. La forma de vestir, limpia, costosa, el cabello con el corte más apropiado a la temporada. El celular en la mano, con una ligera joroba a causa de la enajenación tecnológica que causa revisar la pantalla del teléfono móvil cada 5 segundos. Amantes de la reducción de términos: “Cel.” para celular, “Obvio” para obviamente, “Gooey” para dirigirse a cualquier persona. Expertos forenses en cuestiones de piratería o productos copiados, en un rápido escaneo vertical logran determinar quién lleva una bolsa de imitación y quién tiene una original. En pocas palabras una chica fresa es una princesa sin corona, una burguesa feliz por el capitalismo y siempre dispuesta a expulsar un gemido ante un escaparate. De la mayoría de grupos sociales ellos son sinceros, muchas veces despreocupados por la situación del País, no se esfuerzan en negar un origen rodeado de excesos, son sinceros en tanto reconocen su gusto por lo superficial, para ellos ahí se encuentra lo profundo, en tanto evanescente su materialismo, es motor de vida.

En terminología defeña, ser naco es una opción de vida, término complejo por no saberlo aplicar adecuadamente pero con eternos referentes y estereotipos bien definidos dentro de la cultura popular. Un naco ejemplar es Cantinflas, sujeto desgarbado, despreocupado por requisitos de cortesía, el antagonista al Manual de Carreño, con cierto tono conocido como idioma chilango, usa palabras que no conoce pero la ignorancia no provoca límites, le hace sentirse libre en cualquier ambiente.

El fresa es némesis del naco, el primero busca establecerse y acomodarse en orden superior al resto de las personas, el naco procura pasar desapercibido aunque nunca lo logra; siempre hay alguien con obsesión al orden y delata rápidamente al que no entra en los parámetros sociales. Ser naco es ser protesta contra tapas absurdas, el naco libera porque no teme, su único temor es traicionar la autenticidad con la que fue criado. La eterna batalla entre el binomio naco-fresa centra sus principales armas en un principio básico, para ambos grupos, resulta natural pertenecer a cierto sector, es decir, un fresa no sabe que es fresa y un naco ignora lo mismo sobre su naca condición. Tener un automóvil con el volante cubierto de peluche rosa será naco para el fresa, para el naco es un accesorio que aumenta la belleza del vehículo, una oda a la estética automotriz. Para el naco es fresa no comer tacos en la calle, aunque sea manjar el fresa rechaza la posibilidad de disfrutar comida barata por considerarla insalubre.

La “naqués” se equipara con falta de cultura, pienso que es una equivocación conceptual. Que una persona no sea normal, no la hace anormal, simplemente diferente. La cultura es todo lo que nos rodea, tanto leer periódicos como revistas de espectáculos, comer en elegantes sitios o en fondas, saber o no chiflar, todo integra el mismo cuerpo cultural, el mecanismo gigante en el que cada aspecto de nuestra vida es engrane y movimiento a la vez. La falta de adecuación es característica principal de los nacos, sin embargo, parece que viven en una comodidad eterna gracias a su peculiar visión del trato social. Otra asociación errónea es equiparar la naqués con pobreza, la ausencia de bienes materiales no tiene relación alguna con ser naco, hay personas con suficiente dinero que compran todo menos lo necesario, otros gastan su fortuna en “nacadas”, otros no gastan y también son nacos. Ser naco es lo más democrático que tiene nuestra organización urbana, todos pueden ser nacos, todos hemos sido nacos y probablemente algún miembro de nuestra familia se perfila para superarnos a todos, para pasar del naco al “naquísimo”.

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“Eso está bien chido”, “Eres bien chido”, expresiones aparentemente vacías aunque cargadas de un contenido indescriptible. Tuve muchísimos dilemas al enfrentarme a construir un concepto de uso frecuente pero indeterminable: lo chido. Se refiere tanto a lo positivo, óptimo como a una señal de aprobación. Es empleado por algunos pero conocido por la mayoría, es chido quien es fiel, quien ayuda o presta sin condiciones, la fiesta está chida porque hay buena música (o al menos hay coherencia entre el público y el estilo de  las canciones). Lo chido es un adjetivo mágico, sintetiza, pues, la cordialidad de nuestra raza chilanga. Todo lo bueno, no es suficiente, tiene que ser espectacular, inevitable, poderoso y eterno para ser denominado chido.

El concepto de chido tiene también su contraparte, el no-ser-chido. Cuando todo se arruina y pierde la vía de su rumbo inescrutablemente no es chido; la traición a los amigos se castiga con una severa sentencia popular: “eso no estuvo chido”. Total desaprobación, decepción y demás formas de decir lo mismo, va contra las reglas, con las reglas de la maldad, eso no fue chido. Entonces este reconocimiento punitivo aleja todo rastro de “chidés” que se tuvo en un principio, difícil es ganarse el título de chido, como adjetivo; fácil perderlo al violar alguna norma sagrada de transmisión oral.

  • Aldo Duran

    Me encanto tu articulo, dice verdades y “netas” totalmente ciertas y autenticas, pero de un modo cómico y relativamente sutil. La parte en la que mencionas que probablemente todos tenemos un familiar que va que vuela para naquísimo me hizo la noche jajaja, saludos.