Definitivamente una de las mayores ventajas que tuve al estudiar en Coyoacán fue que —casi, casi— había una cafetería en cada esquina. Había una frente a esa secundaria en la que dominaban las niñas, siempre acostumbradas a traer la falda a la mitad del muslo; el café lo daban en vaso de unicel y era bien barato, nunca había mucha gente y… ¡ah!, todo era gloria. Otro —el famoso Caramel— se ubicaba a pocas cuadras de la escuela y era, sin duda, el que tenía el mejor americano de toda la zona. Estaba también el que preparaba café chiapaneco, constantemente visitado por aquellos que gustaban de una buena plática sobre filosofía o arte. Y uno más, al que siempre iba a charlar con mi maestro sobre su constante inclinación neoliberal.

Lo que siempre me perturbó fue que habiendo tantos cafés, mis compañeros no frecuentaban más que uno; no les importaba que costara 3 veces más que un café promedio, tampoco que los granos no fueran de la mejor calidad, ni siquiera que su sabor no fuera destacado. Ellos siempre llegaban felices, bebiendo su frapuccino con ese popotito verde tan propio de la marca. Ellos creían ser cool, ellos solo bebían Starbucks.

El nacimiento de una marca

Y es que la manera en la que esta empresa surgió no tiene gran ciencia. En 1971, tres amigos —un profesor de inglés, uno de historia y un escritor— abrieron Starbucks, su primera tienda, vendiendo únicamente granos de café y máquinas para molerlo. Pronto llegó Howard Schultz, gerente de ventas de una empresa de electrodomésticos, que impresionado por el amor que los dueños le ponían al café, decidió incorporarse al entonces pequeño proyecto.

Una de esas veces Schultz viajó a Italia, específicamente a Milán, en donde tuvo la oportunidad de apreciar el modo en el que operaban las cafeterías de aquel país; veía como la gente platicaba y se la pasaba bien, haciendo del café una herramienta social. Enamorado con la idea de los cafés italianos, regresó a Seattle con sus socios y les planteó la idea de reproducir aquel modelo europeo en su tienda, Starbucks. Ellos no accedieron ya que eran fieles a la idea de que el café únicamente se consumía en casa y no en cualquier tienda. Schultz decidió renunciar al proyecto, abriendo Il Giornale, su propia cafetería.

Tiempo después los fundadores decidieron vender la compañía, siendo adquirida finalmente por el propio Schultz, quien conservó el nombre de Starbucks y puso en ella su sello personal, creando una empresa que actualmente cuenta con más de 17 mil locales y más de 145 mil empleados en todo el mundo.

El café de la sirena

El primer logo que le conocimos —bueno, a mí no me tocó— a Starbucks, cuando no vendía más que café en grano, té y especias,  nació en 1971, con la imagen de una sirena sosteniendo no una sino dos colas. La ilustración está inspirada en un libro noruego del siglo XV.

Fue en 1987 cuando la famosa sirena fue encerrada en ese círculo verde —tan característico de la marca—,siendo despojada de sus pechos, que fueron reemplazados por su larga cabellera. Dicen que esto se debió posiblemente a grupos conservadores que no estaban de acuerdo con la imagen por erótica.

Hubo un cambio más en 1992 en donde deja de apreciarse gran parte del cuerpo de la sirena, y uno más en 2011 cuando se cambió el logo —con el que actualmente contamos— debido al aniversario número 40 de Starbucks.

¿Por qué elegimos Starbucks?

Muchos de los asiduos consumidores de la marca han confesado que no es precisamente el café la razón principal de su fanatismo por Starbucks. ¿Qué factores intervienen para que nuestro espíritu capitalista prefiera derrochar casi 50 pesos en un café que puede costarnos fácilmente la mitad en otro lado? Yo diría que la experiencia que ofrece al consumidor, esto quiere decir:

1. Nos hace sentir cool: Para muchos no es lo mismo pasear por las calles con un café de Starbucks que con un café del Oxxo.

2. Transforma al hombre cualquiera (llámese oficinista, empresario, estudiante, etc.) en un hombre de mundo, capaz de coexistir en este planeta globalizado. Vamos, aunque no lo queramos, para vivir por un momento el “estilo de vida americano”.

3. Es nuestro refugio: Es ese ambiente informal el que nos hace salir de la rutina del trabajo o la casa; nos relaja y nos brinda un ambiente tranquilo y libre de presiones. Nos da intimidad y privacidad.

4. Es nuestro “tercer lugar”: Tiene la ventaja de no ser ni la casa ni la oficina. Permite desconectarnos de nuestra cotidianidad e incluso, se ha comprobado, llega a cambiar nuestro estado de ánimo —el denominado efecto Starbucks—. Muchos asocian el término de “tercer lugar” como el hecho de estar en la casa propia pero sin el aburrimiento de la misma.

5. La extensión de nuestros deberes: [Debo confesar que en esta me incluyo una y otra vez] No me dejarán mentir, a eso de las 5pm los Starbucks están repletos de señores oficinistas/ejecutivos y estudiantes que no hacen más que estar metidos en sus laptops terminando o iniciando el proyecto que probablemente entregarán al día siguiente. Starbucks brinda un espacio cómodo y sobre todo sin presión para todos aquellos que gozamos trabajar junto a una taza de café. Nos hace más productivos.

6. Despierta nuestra creatividad: Al estar en un ambiente de total libertad somos más propensos a dejar fluir nuestro inspiration momentum. Starbucks nos brinda una identidad marcada por la inspiración.

  • Excelente artículo.

    Mucha gente se queja de que en Starbucks el café no es el mejor y el precio sí el más alto, pero pasan inadvertidos los puntos que mencionas: la gente va al Starbuck para tener una “experiencia” global, no por que sean amantes del café per se. Y ese sentimiento de experiencia y trato personalizado (los primeros baristas que nos llamaron por nuestro nombre, por poner un ejemplo) conlleva un precio más elevado.

  • Luis miguel

    Valla que eres brillante!!
    Realmente aun no logro concibir el target concreto al cual va dirigido espero no quedarme con la duda
    Take care joz

  • Leou

    Ah, pero cómo no preferir un Jarocho a ese pseudo café americano del Star. He de confesar que es cierto -almenos en mi experiencia- lo que mencionas acerca de las condiciones que te permiten este tipo de lugares, ideal para hacer un ensayo final y aprobar la materia. Sin embargo, me quedo con algo más artesanal, oh si.