Del 2005 al 2010, el PIB per cápita de Egipto creció alrededor del 6% al año, en el mismo periodo en Túnez, creció de una forma similar. Si este indicador económico mostraba una clara tendencia al alza, ¿qué explica las revoluciones de este año?

Durante la semana pasada, el Palacio de Minería del DF se convirtió en la sede de la Conferencia latinoamericana para la medición del bienestar y la promoción del progreso de las sociedades, organizada por el INEGI, la OCD y el Foro Consultivo Científico y Tecnológico. El objetivo fue contribuir al debate de cómo medir el bienestar y el progreso de las sociedades.

Después de la más reciente crisis, queda claro que los indicadores económicos tradicionales reflejan muy poco las condiciones de bienestar de una sociedad. Podemos ver el número crecer, pero eso no implica que crezca igual para todos. Por eso, desde hace algunos años, se habían desarrollado otras formas de intentar observar las disparidades del crecimiento de una economía; la curva de Lorenz, el coeficiente de Gini, el Índice de Desarrollo Humano, han sido un esfuerzo importante en la medición de la desigualdad dentro de un país.

El bienestar de una sociedad no depende completamente de cuestiones económicas sino de más dimensiones. De esta manera los trabajos se desarrollaron girando en torno a estas dimensiones, las cuales fueron: educación, salud física y mental, condiciones de trabajo, uso del tiempo, relaciones sociales y ciudadanía.

¿Pero qué ha generado este debate entre los economistas y demás encargados de generar estadísticas? En 1972 el rey de Bután dijo que un gobierno debía buscar influir en la felicidad de la población. Fue hasta 2008 que en dicho país se elaboró un índice que media la “Felicidad Nacional Bruta”. Occidente no podía quedarse atrás, por lo que en 2009 el presidente Nicolás Sarkozy creó una Comisión que se adentrara en una investigación sobre las limitantes de los indicadores actuales y buscara una forma de corregir estas limitantes. Seguido de esto, Primer Ministro británico hizo lo propio en su país al pedir a la oficina de estadísticas la elaboración de un índice para medir la felicidad de los ingleses.

La conferencia estuvo llena de reflexiones teóricas y duras críticas. Se pudo notar una división en el público entre economistas y estudiosos de otras ciencias. ¿Qué conclusiones se alcanzaron?

Que el bienestar va más allá de variables económicas y que incluye tanto medidas objetivas como subjetivas, cosas que pueden medirse y otras que involucran los sentimientos de las personas. Pero por lo mismo el desarrollo de una metodología única y comparable mundialmente es difícil debido a los sesgos culturales que existen en el planeta, lo que nos llevaría a una ambigüedad en la interpretación. Algo que quedó muy claro fue que no podemos pretender encontrar un número que mida el bienestar, sino que deben ser varios indicadores que juntos permitan dar una interpretación del bienestar en general, además de que no serían un reemplazo de las mediciones económicas, sino un complemento que nos permita entender mejor.

Por otro lado las principales críticas fueron (una vez más) hacia el ego de los economistas. ¿Es demasiado pretencioso que los economistas pretendan medir algo que no es completamente económico o siquiera cuantificable? Crítica que se fortaleció porque se cree que se dejan muchas otras ciencias de lado mientras se discuten estos temas. ¿Qué hay de los sociólogos, psicólogos, médicos? Pero la más dura, a mi parecer, fue el decirles que mientras llevan dos años debatiendo sobre estos temas y la necesidad de desarrollar estas nuevas mediciones, el mundo sigue avanzando, intentando recuperarse de una crisis económica y millones de personas que aún viven en la pobreza y no ven la luz al final del túnel.

Mientras los economistas siguen jugando a las mesas redondas, ¿qué se está haciendo de verdad? ¿Qué opinan de estos intentos de la sociedad económica por ir más allá del PIB?