Hace un par de años entré a una tienda de “tortas” españolas. Digo “tortas” y muy entrecomilladas porque allá una torta consiste en un triste pan horneado (petrificado, diría yo) con una rebanada de jamón, queso o la proteína de su antojo. Y ya. Y ya.

Cuando digo que nada más, es que no tiene ni mostaza, ni aguacate, ni mayonesa, ni una endiablada verdura, aceite, salsa… Nada de nada para que resbale. Si Dios es misericordioso contigo podrás pasar la masa, seca como una roca, a través de tu garganta sin morir en el intento.

Encontrábame yo enterado de dichas circunstancias en aquella tienda. Estando yo en Pamplona, consideré obligatorio pedir una torta de aquellas con chorizo y queso (escrito txorizo y queso, en euskera). Inicia mi diálogo.

-Buenas.

-Buenas, joven.

-Disculpe, ¿de qué queso le pone a la torta de chorizo y queso?

-Pues del más barato.

Claro. Bolonio yo que pensé que a cambio de unos míseros euros me iba a ofrecer manjar de dioses. Antes dí que me iba a dar algo comestible. ¿Quién era yo para merecer un pedazo añejado de un glorioso queso amarillo? ¿Que había hecho para merecer un gruyere de calidad sin pagar su precio? Nadie. Y no reparó en restregarlo en mi cara.

He aprendido mucho de esa experiencia traumática.

Hace pocos días, entré a Banamex. Al depositar el dinero en mi cuenta, el amable cajero me preguntó por qué no había dado de alta mi seguro de vida. Pensando en que se trataba de la repartición de mis múltiples millones pocos centavos en mi cuenta en caso de fallecimiento, procedí a llenar a la orden una solicitud. Una vez llenados los porcentajes y a punto de firmar la solicitud, pregunté al cajero “Esto es sin costo, ¿verdad?” A lo que recibí como respuesta “Son sólo tres pesos al día, señor”.

Tres pesos al día.

Tu cabeza da vueltas.

Tres pesos, a cambio de que si muero… Tres pesos por un seguro de vida…

Por otro lado… Tres por treina… Por doce… El seguro de vida era de $1,080 pesos. Ya no se oye tan bello como “tres pesos diarios”. Inmediatamente recordé que una de mis tarjetas tiene un seguro parecido. Taché la hoja, escribí “cancelado” por todos lados y taché mi firma. Agradecí al cajero su amabilidad fingida y éste rompió con disgusto la solicitud.

Recordé que los servicios financieros te dan el queso más barato. Pero, contrario a la tortera española, te hacen creer que es un gruyere de años de añejamiento. No te dejes engañar.

Mi mejor consejo, cuando se solicita hablando de finanzas, es siempre el mismo. No contrates nada que no necesites. Si tienes una tarjeta de crédito no necesitas dos. Si no necesitas esa disposición de efectivo, si realmente no sirven de nada un par de tenis puma a mil quinientos meses sin intereses y si no tienes para pagar el total de tu tarjeta, no sigas comprando. Pagar los mínimos es ser robado a mano armada en la calle y decirle al ladrón la combinación de tu caja fuerte. No pagues euros de más por un triste pedazo de queso. Aprende a ser como la tortera, a decir de frente que a cambio de lo que los bancos te dan (que ojalá fueran cuando menos un par de euros) no les vas a dar más que una triste rebanada de tu ingreso.