En años recientes hemos sido testigos de los esfuerzos de gobiernos e industrias que buscan frenar la piratería, a pesar de que no hemos visto grandes avances. ¿A qué se debe esto? Principalmente a que la piratería es un problema de precios.

Si comparamos el precio de un CD, DVD o licencia de Microsoft Office con el ingreso promedio de los países desarrollados como Brasil, Rusia o Sudáfrica, podremos observar que su precios es entre cinco y diez veces mayor al de Europa y Estados Unidos. Aunado a estos desajustes de precios, el rápido crecimiento del acceso a internet en dichos países hace más difícil perseguir la piratería, toda vez que el soporte físico desaparece.

¿Qué pasa con México? Nuestro país es el séptimo lugar en piratería de software, segundo en música, primero en películas y cuarto en videojuegos. Y lo que hace la lucha más difícil es la compleja estructura que encontramos en el mercado informal y de distribución de copias ilegales.

En 2005 un oficial de la embajada de Estados Unidos dijo que:

“Algunos líderes dentro del gobierno son renuentes a tomar medidas enérgicas contra la piratería por el miedo a que conduzcan a un descontento social, y muchos mexicanos creen que las imitaciones baratas son una alternativa preferible a lo que ellos ven como productos muy caros vendidos por avaras compañías americanas”.

Lo cual es cierto, sin embargo, para comprender el mercado de la piratería mexicana debemos entender tres aspectos:

  1. La piratería no es controlada por grandes organizaciones, sino por redes de productores familiares.
  2. Los comerciantes informales tienen una larga historia de resistirse a la represión administrativa, al mismo tiempo que son cobijados por una parte del gobierno que busca adquirir capital político.
  3. En el aspecto legal México se encuentra atado a su propia historia.

Desde hace varios años el abaratamiento de los insumos para la producción ilegal (quemadores, discos, copias maestras) fue el principal impulso para el crecimiento de la piratería en México, además de que el país es puerta de entrada del material americano y su exportación a Latinoamérica. Sin embargo, la primera competencia real de la piratería surge con el rápido crecimiento de la penetración de internet. En 2000 sólo el 2.7% de la población contaba con acceso a internet mientras que en 2009 ya había llegado al 27.2%.

Si de por sí el perseguir a células tan pequeñas de distribución ya era difícil, ahora imaginen perseguir una industria que poco a poco se empezará a mover completamente a través del espacio digital.

Podríamos decir, entonces, que la piratería en México es producto de de una compleja interacción de factores: disponibilidad de tecnología, alto precio de productos originales, desigualdad económica y la indiferencia popular ante la situación.

Tepito

Tepito se convirtió en un “barrio bravo” durante la época prerrevolucionaria cuando familias de migrantes empobrecidos se mudaron al barrio. Su status de “tianguis” se consolidó en la década de los 20’s cuando le mercado de artículos de segunda mano se estableció en esa colonia. El área se volvió famosa por los talleres que reciclaban bienes para una clientela de escasos recursos y por su habilidad de producir copias baratas de productos disponibles a precios más altos en vecindarios más exclusivos.

Cuando México adoptó el modelo de sustitución de importaciones (dejar de importar bienes al ponerles una arancel muy alto y producirlos aquí aunque tuvieran menor calidad) en los 50’s y 60’s, la industria mexicana desplazó a los artesanos del barrio y cambiando el giro hacia el contrabando de dichos productos que importados legalmente hubieran sido muy caros.

Para la década de los 80’s, Tepito se había vuelto el centro de la fayuca en la capital del país, vendiendo productos importados de manera ilegal como zapatos, ropa, pero sobre todo artículos electrónicos.

Con la llegada de internet y el abaratamiento de la tecnología ahora se ha incluído un nuevo mercado en el vecindario.

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Con información del reporte Media Piracy in Emerging Economies.