Salgo de mis vacaciones para compartir con ustedes lo que opino de este caso.

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Desde el principio fue extraño. ¿Cómo era posible que una niña con discapacidad motriz y verbal hubiera desaparecido de su casa? Lo más extraño es que se trataba de un departamento y ambos padres se encontraban en el mismo.

Está bien, se hizo toda una campaña mediática. Se movieron cielo, mar y tierra en las redes sociales con la esperanza de dar con la niña. Se hicieron retweets en twitter, se crearon grupos en facebook, y la participación fue muy alta. No podía ser posible que hubiera sucedido algo así, de nuevo, en México. La sociedad tomaba como bandera un caso más que pasa todos los días, pero que tenía la ventaja de los reflectores para decir un vez más: “¡Ya basta!”.

Ahora se descubre el cuerpo de la menor en su propia casa y se levantan varias interrogantes. ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿En dónde?

¿Quién tendría motivos para matar a la niña? ¿Cómo le hicieron para esconderla tanto tiempo? ¿Cuándo murió? ¿Dónde la tuvieron mientras plantaron el cuerpo?

Así como reguero de pólvora se dio el apoyo para encontrarla, el descontento en redes sociales se hizo notar. ¿Volvera a confiar la sociedad ante un caso así? ¿No habrá perdido confianza la ciudadanía en la ciudadanía misma?  Por el bien de a quien le suceda, espero que no.

Ahora toca a la sociedad, una vez más, tomar este caso como bandera y decir: “¡Ya basta!”. La sociedad no se debe cansar de brindar ayuda, cuando sea posible, y de exigir en todo momento justicia. El Procurador Bazbaz tiene un difícil caso sobre él y si no puede, que renuncie.